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Un siglo de jazz II

30 de diciembre de 2013 00:00

La década de los ochenta

Nueva York en la década de los ochenta seguía siendo el centro gravitatorio de la creatividad del jazz. Hasta la gran manzana continuaba llegando todo tipo de influencias: músicos, ritmos e instrumentos de todas partes del mundo. Por un lado, la multisonora percusión brasileña -batucada- incorporada por Airto Moreira (e), Naná Vasconcelos y Paulinho da Costa en el jazz, amplió el espectro de la percusión en el género; y por otro lado, la influencia de músicos de distintos lugares del planeta como Ravi Shankar de la India, Dollar Brand y Hugh Masekela de África, Gato Barbieri y Pedro Aznar de Argentina y tantos más, inauguraron nuevos estilos como el “Jazz del Tercer Mundo”, la World Music y otros membretes. En otras palabras, el jazz en esta década devino universal o, como bien lo expresa Julio Cortázar en su novela Rayuela, “de las noches de Storyville había nacido la única música universal del siglo, algo que acercaba a los hombres más y mejor que el Esperanto, la Unesco o las aerolíneas; una música bastante primitiva para alcanzar la universalidad y bastante buena para hacer la propia historia, con cismas renuncias y herejías.”(1)

Sin embargo, de lo señalado, desde 1969 en Alemania, ya había inaugurado Manfred Eicher el sello ECM (Editor Contemporary Music), en el que se experimentaba y grababa ese tipo de fusiones con músicos, ritmos e instrumentos de numerosos países. En sorprendentes improvisaciones jazzísticas desarrollaron fusiones de ritmos folclóricos con el jazz, consiguiendo expresiones sonoras jamás antes escuchadas; experiencias que daban como resultado múltiples giros melódicos en constante evolución. Habían producido discos de estupenda calidad artística como: Eventyr, de John Abercrombie; Cloude Dance, de Don Cherry; Solisticio, de Ralph Towner. Eicher había programado producir una saga de Standars con el estupendo trío de Keith Jarrett, Gary Peacock y Jack De Jonette, (e), grabaron temas de destacados compositores de jazz dejando pautado una obra de gran inspiración; improvisando e inventando nuevas e ingeniosas variaciones. ECM no constituye solamente un sello discográfico, sino que está considerado como la avant gardeo punta de la vanguardia del jazz contemporáneo. Aquí graban sus composiciones talentos de la talla de Carla Bley, Joe Lovano, Joey Baron, John Abercrombie, Bobo Stenson, Drew Gress y muchos más.(2)

 

La década de los noventa         

Empieza con la desaparición física de un genio: Miles Davis, ocurrida el 28 de septiembre de 1991. Todos los jazzmen le rindieron homenajes en vivo y revitalizaron sus estilos que -esta especie de dios oscuro- había inventado: desde el cool-bop hasta el doo-bop. Miles Davis dejaba un espectro para que varias generaciones sigan inspirando e inventando por mucho tiempo más y eso inevitablemente ocurrió, y decimos ineludiblemente, porque la mayoría de jazzmen que seguían a Davis empezaron a grabar y reproducir temas del maestro en cientos de lugares de Norteamérica y Europa tanto en homenajes como en tributos. (3)

Por un tiempo, la creatividad se eclipsó, el jazz había caído en una especie de punto muerto; lo que fue bien aprovechado por el turismo y, en especial, por algunas discográficas. Muchos lugares turísticos de las grandes metrópolis exigían a los músicos ejecutar temas conocidos y digeribles de la época del hardbop, cool y hasta del swing; temas que sean agradables para los huéspedes de hoteles, bares, pubs y tabernas. El jazz pasó entonces a ser una suerte de “cocktail music” para deleite de turistas, hasta lo consideraron como parte de la decoración de hoteles de 5 estrellas y restaurantes de lujo en muchas ciudades de Estados Unidos. Menos mal que 3 o 4 sellos discográficos como Act, Blue Note, ECM rescataron a aquellos músicos que con su talento se negaron a caer bajo aquella balandronada comercial. Robert Williams en su libro Blue Moment sitúa los ecos de la creación de Davis en el éxito continuado por la discográfica alemana ECM, cuyo reverberante y melancólico sonido ha definido la obra de Keith Jarrett, Chick Corea, Palle Mikelborg, Jan Garbarek y demás talentos. (4)

Por otro lado, en ninguna década se habían publicado tantos libros de jazz como en la de los noventa. Libros de historia, de análisis de estilos, de biografías, de fotografía, enciclopedias y demás. Estas publicaciones estimularon a músicos y empresarios a continuar apoyando el quehacer jazzístico.(5)

 

 

Siglo XXI

El jazz en el siglo XXI se caracteriza por la dinámica que los mismos músicos le otorgan al conocimiento y la técnica que han aprendido y practicado. En otras palabras, entran a un estudio de grabación o suben al escenario 3 o 4 jazzmen y empiezan a tocar, conversando sobre sus experiencias con un tema básico a improvisar. Cualquiera de los músicos pone la base, te suena Satin doll o Nefertiti o el Manicero, ok, y se fueron. No hay más egos ni alabanzas, ni perfiles inflados o cccp –cucurrucucú paloma- como llaman los mexicanos al currículum vitae u hoja de vida, ni todas esas “exigencias” heredadas de la fósil academia de losconservatorios. Es decir, to be or not to jazz.

Sobre esta base de ejecución se han ido definiendo 2 corrientes: la primera, el Neo-cool, en el que están como líderes del jazz electrónico Pat Metheny Group con su obra maestra The Way Up (2005) premio Grammy, un jazz minimalista inspirado en la música de Steve Reich. Además, por esta misma vía están el productor de electrónica alemán Moritz von Oswald a dúo con el trompetista noruego Nils Petter Molvaer, 1/1, Un viaje sonoro (2013). Y el guitarrista John Abercrombie, que parece tocar siempre cerca del silencio, a bajo volumen con esa especie de inversión conceptual de su guitarra sutil y transparente que marca el carácter, la textura y hasta la ideología de este estilo Neo-cool (e).

Y la segunda corriente, se trata de un jazz experimental en el que se enmarcan el hip hop del pianista Robert Glasper, conocido por su capacidad para combinar los sonidos del jazz y el hip hop (6); el reggae-fusión, que emplea la técnica del género. Y el jazz latino, que para mi concepto, es la corriente más importante del presente siglo, tanto por la calidad de discos producidos, así como por la cantidad y variedad, a pesar de que aún no han sido reconocidos –por prejuicios absurdos-, por parte de las élites puristas de las metrópolis del hemisferio Norte. Compositores de talento como Chucho Valdez que en su último disco Chucho’s Steps 2012 (premio Grammy) entrega un tamiz yoruba en una especie de salsódromo habanero, jugando con esos endiablados dedos largos y septuagenarios, que hacen fácil lo difícil y a veces intercambian los papeles de solista y acompañante sobre las teclas. Otro pianista cubano, Omar Sosa está considerado como un músico fecundo y muy versátil, su estilo es una mezcla de Thelonius Monk y Eddie Palmieri. En su disco Under African Stars (2012), interpreta los espíritus afrocubanos y sus ancestros (e).El bandoneonista argentino Dino Saluzzi, el pianista Pepe Rivero, el saxofonista colombiano Antonio Arnedo, Dom Um Romão, Nana Vasconcelos y muchos más llevan algunos años produciendo obras de calidad.       

 

El jazz en Ecuador

Siendo el jazz la primera música planetaria que ha sido capaz de volver a despertar interés por la música folclórica o auténtica, Ecuador no ha estado ajeno a esta influencia. Desde la agitada década de los años veinte del siglo pasado el jazz arribó a estas tierras donde, a pesar del poco apoyo, se ha cultivado. Empezó en Guayaquil, en las aulas de música que había en la Sociedad Filarmónica del Guayas, allí se formó el primer grupo de jazz ecuatoriano, la legendaria Jazz Band, dirigida por el que fuera un niño prodigio de la música: Nicolás ‘Negro’ Mestanza (1893-1942) e integrada por Fermín Silva de la Torre (primo del poeta Medardo Angel Silva), Pepín ‘Tío’ Avilés, Humberto Cueva, León Benigno Palacios, Nicasio Safadi y el trombonista afroecuatoriano Sandiford. La primera vez que tocaron para el público fue en 1924 en el American Park, primer centro de diversiones de Guayaquil. La legendaria Jazz Band se presentó oficialmente tocando el dinámico y explosivo jazz de New Orleans y causó un gran revuelo en el público de la época, que seguía con mucha curiosidad los estilos dixieland, acompañados por el cakewalk y foxtrot, 2 bailes que dejaron una estela de movimiento y diversión en el guayaquileño de la época.

Años más tarde en 1930, viaja a Nueva York uno de los integrantes de la Jazz Band, el multitalento Nicasio Safadi, integrando el Dúo Ecuador con Enrique Ibáñez, acompañados del empresario J. D. Feraud Guzmán a realizar la primera grabación de pasillos ecuatorianos. Nicasio Safadi –un músico importante para conocer el desarrollo de la música ecuatoriana- trae consigo discos de jazz, partituras, métodos e instrumentos musicales. El viaje fue muy importante no solo para el jazz sino para el desarrollo de la música ecuatoriana, porque el empresario motivado por las numerosas orquestas de swing de la época, que habían visto en Nueva York; pudo darse cuenta que la música era un buen negocio e importó numerosos implementos musicales como pianolas, pianos, vitrolas, métodos, partituras y demás, para vender en sus almacenes de música, J.D. Feraud Guzmán.

Años más tarde, la Jazz Band armada de un gran repertorio viaja a Quito y se presenta en el Wonder Bar del Teatro Bolívar, causando una gran impresión y despertando enorme curiosidad en el público capitalino; sobre todo en algunos músicos como Humberto Jácome Maldonado quien forma una agrupación de jazz que inspiró a su vez a Luis Aníbal Granja, Rafael Ramos Albuja y otros. Pocos años después aparecen Cabo Frío del pianista Raymond Robir y la agrupación más importante de jazz de los años sesenta y setenta: los hermanos Salgado.

Cuando la Jazz Band volvió a Guayaquil  se encontró con la sorpresa de que Felipe Cueva Johnes, un músico muy conocedor del jazz, había entrado en la competencia, formando la agrupación Tropical Boys junto al baterista Gustavo Tola Carbo, los hermanos González y Leonidas Carrasco. Esta agrupación –afirma el investigador Fabián Corral B.- fue considerada como de jazz moderno, es decir dominaban los estilos de la época como el Be-bop.(7) Fue tan novedoso el despliegue del jazz en Guayaquil hasta los años sesenta que dejaron semillas para el futuro; figuras representativas como el saxofonista Luis Silva Parra (hijo del violinista Fermín Silva de La Torre), el guitarrista Roberto Vieira y los hermanos Bolaños, quienes a pesar del escaso apoyo de parte de las instituciones estatales, municipales, empresas privadas e incluso de los Conservatorios, mantuvieron vivo el interés por el género.

 

Mocambo Pub

En Quito, en enero de 1986, se inaugura un sitio de jazz, el Mocambo Pub, en la avenida  Colón y la calle Reina Victoria, cuando la Mariscal recién empezaba a ser un centro magnético para el turismo y la diversión. Mocambo Pub presentaba cada semana músicos de jazz en vivo, muchas figuras –ahora grandes- como el saxofonista Antonio Arnedo y su hermano el flautista Tico Arnedo, quienes llevan hoy, la vanguardia del jazz en Colombia; Miguel Jiménez saxofonista ecuatoriano que compartió programas con el legendario Ornette Coleman, el pianista cubano Omar Sosa que en la actualidad conduce el jazz latino a nivel mundial, el pianista norteamericano Melvin Cole de gran trayectoria en el Be-bop, el Trío de jazz de Larry Salgado, el guitarrista Angel Cobo otro pionero del jazz en Quito, Héctor Napolitano, Atahulfo Tobar, los armonicistas de blues Sandro Celi y Mauricio Vásquez -solo por nombrar unos pocos-, deleitaron al público que asistía al “Pub de los italianos” como mucha gente lo conocía.

Por allí llegaban a escuchar jazz de la ECM, artistas de teatro como Martha Ormaza, Susana Pautazo, Arístides Vargas, la danzarina Carolina Vásconez, el guitarrista Claudio Durán, el propietario de Libri Mundi, Enrique Grosse, y otras personalidades de la cultura de Quito, quienes fueron testigos de ese centro de difusión de jazz a nivel mundial. También llegaba cada noche el joven fotógrafo Pepe Avilés que absorbía con sus ojos -ávido de imágenes-, todo el movimiento del Mocambo Pub. Y sorpresa para muchos, 2 años más tarde de la desaparición, Pepe Avilés inaugura –tomando la “posta” del Mocambo- El Pobre Diablo. Bien por el jazz en Quito.

El Mocambo Pub no solamente fue un bar, allí nacieron: el libro Análisis histórico del jazz publicado en la revista Opus del BCE y los programas de radio Conversando con el jazz, producidos por Freddy Russo, quien difundía por Radio Colón, programas  pregrabados en los estudios Kino Publicidad de los hermanos Kalifé. Es decir, Mocambo Pub se constituyó en un gran impulsador del jazz, en una ciudad donde la cultura musical estaba maltratada por el momento político y cultural que vivía el país; era la época del febrescorderato. El país pasaba por un período nefasto -de represión y persecución política-, donde las circunstancias de libertad cultural eran mínimas. Pasando 2 o 3 noches, la policía caía al lugar pidiendo documentos, buscando personajes de “sospechosa ideología”. La clientela se atemorizó y empezó a ausentarse, no podía seguir funcionando en esas condiciones, el Mocambo Pub cerró sus puertas (8).

 

El jazz en el nuevo siglo

Ecuador ha dado un gran paso en el desarrollo del jazz en la primera década del siglo XXI. En la actualidad hay varios centros de educación donde se puede estudiar este género tan versátil: en el Instituto de Música de la Universidad San Francisco de Quito; en la Facultad de Artes de la Universidad de Cuenca y en la Universidad Santiago de Guayaquil, existen materias teóricas y prácticas para la formación de músicos de jazz. También en las principales ciudades del país existen sitios donde el público puede asistir y escuchar en vivo a diversas agrupaciones: El Pobre Diablo y La Liebre, en Quito. En Guayaquil está Diva Nicotina en el cerro Santa Ana y en la capital azuaya, Néctar, Tertulia y el Cuenca Jazz Café.

Entre los grupos más destacados del país tenemos: en Quito están Pies en la Tierra, el grupo Sustancia Oxidada, Andrés Noboa y la Orquesta Interbarrial, Jazz The Roots y Ensamble de Jazz UDLA. En Guayaquil: Jazzero, dirigida por Roberto Bolaños Jr., Vam Jazz Quartet, liderada por Jenny Villafuerte, Jazz Fusión de Carlos Prado y su Banda de Latin Jazz y Guayabera Band. En Cuenca: Trío Abad Jazz, Mainstream Jazz, de Miguel Jiménez y Ebano.

Para finalizar, quiero señalar que el jazz del siglo XXI exige a los músicos mucho trabajo, abundante práctica y sobre todo estar abiertos a experiencias que ayuden a crecer como artistas y como músicos -y digo esto último- porque vivimos en un mundo con exceso de información pero con poca pasión. El jazzman necesita apasionarse en lo que hace, necesita conocer y practicar cientos de temas que forman parte del repertorio básico de la historia del jazz. En otras palabras, el jazzman del siglo XXI tiene que ser una suerte de demiurgo que domina el conocimiento y la improvisación hasta hacer de su arte, una especie de magia musical contemporánea.

Notas
1. Cortázar, Julio, Rayuela, pag. 70 Edición Oveja negra, Bogotá Colombia 1989.

2. Para ampliar el conocimiento sobre ECM, ver: ‘El sonido más bello después del silencio: ECM’. CartónPiedra # 82 http://www.telegrafo.com.ec/cultura/carton-piedra/item/el-sonido-mas-bello-despues-del-silencio-ecm-2.html

3. El disco Bye, bye, black bird, editado en 1993, es un homenaje a Miles Davis por el trío de Keith Jarrett.

4. Williams, Robert El Momento Azul, Editado en inglés por Faber&Faber, 2009. (Pag 121, traducción es nuestra)

5. En este link pueden consultarse: Diez libros sobre jazz http://www.aryse.org/10-libros-sobre-el-jazz/

6. Robert Glasper, ha grabado con Blue Note 5 discos. Black Radio es el último disco de gran performance (2012)

7. Corral Burbano de Lara, Fabián, Testigo del siglo: el Ecuador visto a través de diario El Comercio, 1906-2006, publicación por el centenario del diario. Pag. 22

8. Mocambo Pub, inaugurado con sus propios medios por Freddy Russo, Gian Pietro Testolini, Paolo Luchessi, Massimo Dal Bo y Mario Capela en enero de 1986. Mocambo es el nombre de uno de los puertos de África donde se embarcaban a miles de negros en condición de esclavos hacia América en los siglos XVI y XVII.

Enlaces
(e) Airto Moreira Drum (Solo bateristars.com) - http://www.youtube.com/watch?v=1Q1v4YmRGVA

(e) Keith Jarret Trío, My Funny Valentine
http://www.youtube.com/watch?v=l-phggJG2sM

(e) John Abercrombie Organ Trio - Bo Diddy [2004] - http://www.youtube.com/watch?v=ZrJzzjx583c

(e) Omar Sosa & Paolo Fresu - Under African Skies, 2012 - http://www.youtube.com/watch?v=A4g5vNsYRBw

 

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