Redención metalera de Freddy Ayala Plazarte

- 11 de enero de 2018 - 00:00
La iglesia de Fantoft, en la ciudad noruega de Bergen, se convirtió en un símbolo del black metal a escala mundial luego de ser incendiada en 1992 por un grupo extremista vinculado a la música extrema. Fue construida alrededor del año 1150.
Foto: Freddy Ayala Plazarte / Cortesía

El poeta ecuatoriano prepara un libro luego de recorrer una docena de países europeos en busca de las relaciones que la música extrema tiene con otras artes. Ha escrito ensayos sobre la vinculación de las composiciones con lo nativo-europeo y enfoca sus estudios en el cuerpo. Este año publicará la obra Los colores de una guerra musical.

Cuando tenía 17 años, Freddy Ayala Plazarte recibió un disparo a quemarropa. Fue obra de un conocido con quien subió a una montaña de Chillogallo, al sur de Quito. Después de ver la chispa, de sentir el estruendo, pensó que había quedado deshecho, como si hubiera recibido el impacto de un trueno. Sentía un ardor en el rostro, la sangre goteando mientras corría y apenas evitaba rodar por una pendiente. Escapó hacia una carretera en la que se puso frente a un auto cuyo conductor lo rescató.

El hecho, en 2001, fue uno de los motivos por los que se alejó de la música que escuchaba, el metal extremo. Los perdigones le causaron heridas en un intento de homicidio, pero Freddy desistió de continuar con la denuncia contra sus victimarios.

Estaba sorprendido de que la conexión que él tenía con el metal pesado desapareciera con esa experiencia porque sus agresores eran metaleros -o parecían serlo-. El gusto por el rock resurgiría luego del algún tiempo. Mientras eso sucedía, Freddy exploró la poesía, escribió varios libros, estudió diversas artes, comunicación y, el año pasado, subió a otra montaña, en Noruega, mientras investigaba la música que nunca olvidó.

Julien ‘Nutz’ Deyres, vocalista de la banda francesa Gorod (death metal técnico), junto con Freddy Ayala Plazarte, que aparece con las baquetas que el baterista Karol Diers le obsequió aquella noche, en Copenhague (Dinamarca). Foto: Freddy Ayala Plazarte / Cortesía

Mientras recorría una docena de países europeos trazando un mapa de metal, terminó de convencerse de que la música popular no solo es la tradicional, aquella que responde a una época particular y su herencia. El autor de Con un manuscrito en el horizonte, entre otros poemarios, recuerda que las variadas tendencias del rock son como los estilos del arte. Estuvo el Renacimiento, después el Barroco y, pronto, apareció el expresionismo, el impresionismo... “en la música sucede algo similar, aunque en Ecuador a las músicas urbanas todavía no se les reconozca como populares”.

Una mañana sin lluvia, después de dar clases en la Universidad Central, el escritor recuerda que el metal es un género que está pendiente de explorar y a eso se han volcado sus esfuerzos desde la academia. Un día se preguntó por qué el extremismo en la experimentación musical se relaciona con la naturaleza, por qué la exploración sonora de muchos instrumentistas tiene una estética que puede llamarse ecologista.

Entonces, se dio cuenta de que el cuerpo era un lugar inexplorado en una cultura que no solo escucha con los oídos, sino con el agitar de los brazos y la cabeza. ¿Qué pasa con el cuerpo en el espacio, en un paisaje en el que este aparece a través de la música? Es la pregunta que lo acompañó durante sus viajes.

Una tarde de primavera, Freddy llegó a la  iglesia de Fantoft, en la gris ciudad de Bergen, Noruega. La edificación, situada en medio de un bosque frío, fue construida hace ocho siglos y medio e incendiada en 1992 presumiblemente por Varg Vikernes, un músico que está en libertad condicional luego de ser condenado por un asesinato.

La razón del siniestro habría sido que el templo que contiene símbolos vikingos y cristianos se construyó sobre monumentos paganos. Quienes encendieron las llamas tenían fines reivindicativos, anticristianos.

“Más allá de que sea un patrimonio de la historia noruega, esa iglesia se convirtió en un símbolo global para el black metal”, dice Freddy antes de comparar el viento noruego con los riffs de guitarra de ese género. “Es como si la naturaleza misma hubiera inspirado esa sonoridad”.

Esta relación entre el medio ambiente y la música también se relaciona con el arte, que ha explorado lo grotesco desde la imagen, un recurso que al captar lo deforme y monstruoso extiende los límites de su poder de captación.

El poeta, de 34 años, define al separatismo de un sector del metal como una especie de “fascismo interno”. Las heridas que sufrió hace 17 años le provocaron un ‘luto’ durante el cual dejó el metal para reconstruir su historia y volver luego de conocer la literatura, la visualidad que lo armaron con las herramientas de un antropólogo viajero.

El recorrido y las montañas
Austria, Rumania, República Checa, Suecia, Suiza, Hungría, Dinamarca, Italia, Francia y España fueron los países que Freddy Ayala Plazarte exploró. Pero tuvo que llegar a una montaña noruega para recordar la agresión recibida a inicios de siglo, la cual explica como producto de una mala interpretación de la música, “una absorción cuyos rituales se mezclaron con prácticas que nada tenían que ver con el arte, sino con la búsqueda de una identidad adolescente, ser alguien aunque eso signifique acercarse al fascismo”.

¿Qué pasa cuando alguna práctica se aleja de la música?, ¿cuando el sonido te lleva a una cuestión ideológica, como el black metal de los años noventa?, se pregunta el autor que explica el uso político del arte como un alejamiento de lo creativo, algo menos profundo que la cultura y la historia.

Pese a estar en contra del sectarismo, Freddy admite que el metal usa símbolos herméticos, que se limita a quienes tienen un criterio sobre esto. “No es como escuchar salsa en la playa”, sonríe mientras firma una edición del libro Vientos paralelos, en el cual reunió nueve ensayos sobre cultura y literatura.

“Hace falta estudiar mucho esta música para hablar de ella como un producto cultural. Más allá de que haya una apropiación de estos sonidos, tenemos que ver cómo llegan a ser parte de tu vida, cómo la cambian. Quizás muchas personas no estudiarían el entorno en el que tuvieron un accidente, yo lo hago para comprender que la cultura que nos llevó a la montaña es más profunda que ese suceso. También es necesario hablar de quiénes son satanistas -no satánicos, es distinto- y de todo lo que en la sociedad se ve confrontado por el rock”, dice el autor, con su voz paciente, en la capital.

En los países que visitó hay una cooperación colectiva para que la cultura se desarrolle, algo que falta por gestar en Ecuador, opina. La investigación sobre músicos como los integrantes suecos de Bathory le llevó a concluir que iniciaron con un “nativismo que, al inicio es demoníaco, para apostar por el paganismo, otra mitología, después” en su estética. El mundo andino es otro de los enclaves que tendrán sus estudios, y el nativismo de álbumes como ‘Roots’, de los brasileños Sepultura.

-Has dicho que el metal extremo es la muestra de una evolución sonora...

-Escuchar Iron Maiden o Judas Priest y, luego, Exodus a través del tiempo en que han compuesto estas bandas es ser testigo de una experimentación progresiva, una aceleración que dio pie a grupos de groove metal, como Napalm Death o la alianza con la música clásica que realizó Dimmu Borgir. (F)

Poesía /ensayo

Con un manuscrito en...

→El poemario fue publicado por la editorial La Caída, con introducción de Roberto Manzano.

Vientos paralelos

→Acotaciones y reflexiones sobre cultura y literatura es el subtítulo del libro publicado por la CCE.

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Obras futuras

Estudios culturales

→El estudio con que el poeta nacido en Aláquez (Cotopaxi) obtendrá su doctorado en la Universidad Autónoma de Madrid, España, se titula Narrativas del cuerpo nativo en el metal extremo: Demonología, paganismo y ancestralidades.

12 países europeos visitó Freddy Ayala Plazarte, entre 2015 y 2017, para investigar la cultura metalera extrema.

Tinta Ácida Editores

→El sello independiente publicará el libro Los colores de una guerra musical. Conexiones entre el arte occidental y el metal extremo, este año. Descartaron el título Rutas del metal extremo en Europa. (I)

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