Metal extremo: las fronteras del sonido que son las de antes

- 04 de mayo de 2018 - 00:00
El libro de Salva Rubio Gómez se complementa con Crónicas del abismo (2011-2016), la actualización de sus estudios sobre el metal extremo.
Foto: thechurchofhorrors.com

El libro Metal Extremo: 30 años de oscuridad (1981-2011) es un valioso aporte al mundo de la investigación musical. El autor Salva Rubio nos acerca a la evolución, la influencia, ética, estética y otros temas que conforman este género tan particular, además cubre los 10 estilos principales de este subgénero del heavy metal.

Desde finales del siglo XIX existe la música clásica contemporánea, que no ha logrado llegar masivamente al público. Politonalidad, minimalismo, disonancias, son algunos de los atributos de este género musical, tan incomprendido desde su surgimiento como las composiciones extremas ahora.

Las obras de Stockhausen, los experimentos de Edgar Varèse, los desarrollos de Alban y Berg han resultado difíciles de asimilar para la mayoría de aficionados a la música de este siglo.

Cuando buscamos un equivalente de este tipo de expresión sonora en la música popular, podemos mencionar géneros como el grindcore, death metal, gothic metal, industrial metal, en suma, todas las variantes del metal extremo, un estilo musical que ha permanecido al margen de los oyentes, críticos, periodistas y musicólogos. Grupos como Venom, Bathory, Hellhammer, Celtic Frost, Repulsion, Napalm Death fueron los pioneros.

A principios de los años 60 y mediados de los años 70, el pasajero romance de los hippies con el consumo de drogas para alcanzar estados alterados de conciencia, el amor libre (malentendido como promiscuidad) fue el terreno en que las generaciones más jóvenes daban rienda suelta a su creatividad.

Después de comprobar que el nihilismo de los punks tampoco pudo cambiar el mundo, los 80 mostraron menos opciones de liberación para la juventud.

El hard rock y el glam metal imperaban en el panorama musical de la era Ronald Reagan (Presidente de los Estados Unidos de 1981 a 1989). Pero un puñado de bandas, a pesar de su aparente aislamiento geográfico (Noruega, Suecia y hasta Sudamérica), estaban desarrollando un tipo de música ajena al mainstream, una que Rubio tiene bien documentada. (O)   

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