Alfonso Espinosa Andrade poeta y periodista quiteño

"El arte crítico no se difunde porque aún se escandalizan"

- 22 de febrero de 2020 - 00:00
Álvaro Pérez / ET

Poemas como Perra Callada, del libro Día/Noche, tiene citas de Sal y Mileto, pero también de Jorge H. Araujo. Otros como Ocarina están listos para musicalizarse. Su autor escucha la ciudad.

El escritor catalán Vicenç Altaió le dijo una vez a Alfonso Espinosa Andrade (Quito, 1974) que la poesía es un deporte extremo: hay quienes prefieren escalar pendientes o navegar en ríos embravecidos a correr tras una pelota.

Es para esos lectores extremos (“una fraternidad, país invisible, territorio simbólico”) que ha escrito Noche /Día (El Tábano, 2020), que consiste en siete poemas largos que irrumpen en el “campo yermo” que rodea las letras, como suelen irrumpir los edificios inacabados en esta ciudad.

“Quito es una madeja de ecos cercanos al silencio total”, dice uno de los versos del libro Breves anotaciones (El Tábano, 1998), el último en que estaba latente la urbe... hasta ahora, en que el autor vuelve a cuestionar, explorar esta “ciudad hermosa, terrible y maldita”, “este borde de quebrada desde donde miro el mundo”.

En Día/Noche (El Tábano, 2020) no solo aparecen las tinieblas...

Recuerdo que cuando el dramaturgo y poeta Paco Tobar (1928-1997) dedicaba sus libros, los situaba en la “la ciudad maldita” que es esta Quito fascinante, encantadora pero terriblemente dura, cruel, áspera, violenta, insolidaria, egoísta, como se ha vuelto.

¿Cómo puede haber encanto entre tantos contrastes?

Mira el paisaje, el entorno las mañanas en que está todo despejado. Verás desde el Cotacachi hasta los Illinizas, toda la puta cordillera despejada: Antisana, Cayambe, Cotopaxi que son impresionantes.

Los arupos florecidos, la arquitectura vieja, la ciudad antigua son fascinaciones entre aspereza, rudeza. Por eso este libro es de alguna manera sobre ángeles caídos. Sobre los abandonos, carencias, urgencias que tenemos al vivir aquí.

En este poemario nombras a Paúl Segovia (1972-2003). ¿Crees que a este siglo le haga falta música con mensaje social?

La canción “Aguanta” es emblemática, además que es de Sal y Mileto, el barco insignia de la Armada del rock ecuatoriano; pero Curare o Aztra tienen una marca política muy fuerte desde sus nombres, cuyo sentido quizá sus fans más chamos lleguen a conocer, a asumir.

Lo que ocurre es que no es la música que pasan en las radios porque el arte crítico, impugnador tiene problemas en Ecuador: mira lo que acaba de pasar en Cuenca con Adriana Tamariz, una gran funcionaria cultural a quien despidieron porque invitó a unos artistas con discurso político. Ecuador todavía es un lugar donde la autoridad se escandaliza, ofende por ciertas posiciones, las que sean.

Y nuestra ciudad también es curuchupa, recuerda la censura contra el colectivo Mujeres Creando (por el mural “Milagroso Altar Blasfemo”) en el Centro Cultural Metropolitano.

Y los medios de comunicación...

No están a la altura del público que es mucho más liberal, está tres pueblos más adelante aunque sean las autoridades las que se echan para atrás. Es un desastre.

¿Cómo describirías a la variada banda sonora de tu libro?

Es la que me gusta: música clásica, pasillos, rock. Pero también responde a ciertas genealogías: siento una profunda identificación con Ian Curtis (vocalista de Joy Division), entre otras cosas porque es epiléptico igual que yo. Siento mucha cercanía, empatía con Al Jourgensen (vocalista de Ministry), por yonqui, perdido, porque me gusta putear políticamente. Es uno de mis profetas.

Pero la música −como la ciudad− no solo es esa dureza...

Claro. Es el lugar del consuelo, el último refugio. Cuando todo lo demás se cae, se pierde, la música salva. Bach, Beethoven, Led Zeppelin y el “Gato” Araujo siempre estarán ahí. Tengo la confianza, la certeza de que Mozart, Mileto no me van a fallar. Si todo cae, pongo el disco Tres y, ¡pan!, me voy.

Y la literatura, ¿salva también?

Una vez entrevisté al dramaturgo Arístides Vargas, él me explicó esto: quien sirve para el teatro, para cualquier arte, es quien llega desesperado, quien hace lo que hace porque no tiene más remedio. Eso me pasa con la poesía, habrá otras formas pero esta es la mía. (I) et

El tábano

Noche/Día

Se publicó como una serie de siete poemas largos en la página alfonjod.wordpress.com el lunes 30 de diciembre de 2019. Más de 500 lectores han visitado la propuesta que ahora es de papel.

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