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Andrés Franco Salazar: "Si te cierran las galerías, están las calles"

- 09 de junio de 2018 - 00:00
Una de las paredes pintadas por Andison en Quito.
Foto: Cortesía Andrés Franco

Conocido como Andison, se dedica al grafiti y ha hecho diseños de patinetas que se venden en todo el mundo. Usa la técnica del dripping.

En la actualidad el «arte urbano» o «arte callejero» se ha apropiado de los muros y las calles de la ciudad para darles vida y color. Sus lienzos son las paredes; su público, los transeúntes, y su museo, la ciudad. Un arte que muchas veces es considerado ilegal y vandálico ha ido rompiendo estos prejuicios y se ha apropiado del espacio público dejando sorprendidos a muchos por la belleza y calidad de sus trabajos.

Andrés Franco (quien firma sus obras como Andison) es un artista plástico de 34 años que utiliza diferentes técnicas del arte urbano como el grafiti y los murales con una técnica muy particular que lo caracteriza, el dripping.

La diferencia entre grafiti y mural es que el primero se refiere a palabras o letras que se escriben en la pared con tipografías ornamentadas utilizando el aerosol, mientras que el segundo es un formato más elaborado por el artista, para el cual no solo usa el aerosol, sino diferentes tipos de pinturas, y donde destacan personajes o escenas que por lo general se representan en grandes formatos. El arte urbano es una propuesta artística que se ha tomado el espacio público, para el público.

Andrés recuerda que de muy pequeño quedó impactado y fascinado con el dibujo cuando conoció el taller de Édgar Cevallos —autor del conocido personaje quiteño Don Evaristo y el tucán de ‘Yo soy Máximo’—. Édgar (padre de un compañero de su escuela) le enseñó el proceso del dibujo, y desde ese día, Andrés empezó a crear sus primeros bocetos. En segundo curso participó en un certamen de pintura mural en su colegio donde aplicó todos los conocimientos del dibujo aprendidos anteriormente. La temática del mural consistía en representar la violencia infantil. Él dibujó una niña que gritaba mientras la mano de un esqueleto la agarraba. No se sentía preparado y confiado para ganar por su corta experiencia, pero, gracias a su talento, lo logró.

En su adolescencia se alejó por un tiempo del dibujo y se dedicó al skate. Empezó a hacer sus primeros tags (nombre con el que se firma un grafiti) y formó un colectivo llamado DPS (Dementzia Pro Skateboarding). Con ellos hizo su primer mural en la esquina donde se reunían, escuchaba hip-hop y practicaba break dance. El diseño era una patineta Element y los tags de los compañeros del grupo.

Cuando terminó el colegio, estudió Diseño Gráfico porque le interesaba seguir perfeccionando el dibujo. Pero estuvo solo un semestre, pues no pudo seguir costeando los gastos universitarios. Una amiga le comentó que existía la carrera de Artes Plásticas en la Universidad Central y que era gratuita (salvo los materiales), así que no lo dudó y se inscribió. Después de cinco años y un proyecto de tesis obtuvo su licenciatura en Artes con mención en pintura y grabado en 2008.

Su primera exposición
Con una gran cantidad de trabajos realizados en sus años de estudio, trató de gestionar exposiciones en galerías, sin ningún resultado. Ahí se dio cuenta de que la realidad del artista era muy dura y que el circuito artístico en el país era limitado. Esto le llevó a sentir una profunda crisis al pensar en cómo iba a vivir del arte.

En 2009 entró a trabajar de mesero en un restaurante para tener dinero y poder comprar material para crear nuevas obras. Con nuevos trabajos y un proyecto armado, junto a dos compañeros artistas, con quienes formó un nuevo colectivo, lograron su primera exposición en la Asociación Humboldt. La muestra se llamó Contaminación: en vista de la escasez de espacios para el arte su propuesta «era contaminar los espacios con pinturas y esculturas», señala Andrés.

Las obras de esta muestra no eran de una belleza naturalista ni de una estética clásica, eran más bien transgresoras y representaban la angustia y la depresión, sentimientos con los que se identificaban los artistas. Las obras de Andrés consistían en personajes hechos en técnica mixta utilizando pinturas y aerosol, su estilo el dripping (personajes derretidos). Este término deriva del vocablo inglés drip que significa ‘gota’. El procedimiento consiste en dejar chorrear la pintura —ya sea directo del recipiente o usando pinceles o brochas—, dando la sensación de derretimiento. La muestra tuvo buena acogida por parte del público y logró sus primeras ventas. Esto lo animó a renunciar a su trabajo de mesero y dedicarse de lleno al arte.

Andison se centra en el arte urbano. ha pintado varias paredes de Quito. Foto: Cortesía Andrés Franco

El festival que le abrió puertas
Andrés recuerda que hace algunos años era muy difícil «grafitear» las paredes, ya que la policía era muy agresiva —siempre les pegaban y les quitaban las latas—. «Había mucha violencia y represión por parte de la policía ya que la actividad estaba mal vista.

A pesar de intervenir en muros públicos y abandonados tratando de mejorar la estética de la ciudad, cuando la policía te encontraba, te golpeaba, te lanzaban la pintura en la cara y te quitaban las latas, que en ese entonces eran muy caras. Esto me decepcionó y me dediqué por un tiempo solamente a los lienzos».

El mismo año de su primera exposición (2009) participó en el primer Festival Internacional de Arte Urbano Detonarte, un encuentro que liberó espacios públicos para pintar y que motivó a cientos de jóvenes a participar. Al momento de inscribirse debía tener una firma y fue ahí cuando decidió firmar Andison, como le decían sus amigos del skate.

Uno de los espacios de este festival fue un parqueadero ubicado en el teatro Bolívar. Cuando empezó a pintar este muro, se dio cuenta de que la pared estaba cubierta con pintura de caucho, y eso hacía que la pintura se le chorreara. Al no poder controlarlo, dejó que el efecto fuera parte del dibujo, y logró un resultado espectacular: la sensación de derretimiento en sus personajes. Le gustó el efecto inesperado, y siguió repitiendo el proceso en todas sus obras. Al finalizar el festival, que duró cuatro días, un jurado internacional le otorgó el premio al mejor artista, lo que lo motivó a retomar el grafiti.

El potencial de su trabajo, reflejado en el realismo de sus personajes del Detonarte se viralizó rápidamente en las redes sociales y en el circuito internacional de arte urbano. Fue así que The Burton Corporation (una compañía estadounidense de tablas de snowboard) lo contactó para que hiciera un diseño especial para una de sus tablas, que sería vendida en todas sus tiendas a escala mundial.

Cómo elige pared un artista urbano
Los artistas primero ven los spots, es decir, algunas paredes o sitios particularmente llamativos por donde circulan muchas personas.

Una vez escogido el sitio, analizo el espacio y pienso en el diseño, miro la textura de la pared —que de preferencia sea lisa para un mejor trabajo—. Me gusta pintar en lugares destruidos y abandonados, porque de alguna manera mi trabajo embellece el espacio y regenera el sector. La gente en la actualidad sí apoya esta iniciativa y ya no hay problema con la policía, ya que tenemos los permisos y la calidad del trabajo, incluso les agrada a ellos también.

De alguna manera, los spots son muros legales entre artistas del arte callejero, entre ellos mantienen su ética y «si pintas un muro y otro artista se quiere apropiar de ese espacio, tiene que ser con uno mejor».

Seres silentes
En 2018, Andrés retomó el dripping en sus lienzos a través de una serie de obras que forman la muestra Seres silentes, que se expuso entre marzo y abril en Pro Gallery, de Cumbayá. La muestra contiene trabajos producidos desde 2009, con énfasis en la obra de los tres últimos años, atravesando todas las alternativas pictóricas y gráficas. El artista habla así de las imágenes que formaron la exposición:

Son seres que de alguna manera no son retratos de personas reales. Tomo la referencia de una imagen que me impacta por su expresión y ésta se va modificando por sí misma en el proceso de pintarla. Termina siendo un ser inexistente en la realidad. Estos seres escondidos dentro de tu mente se manifiestan de repente por sí mismos.

Grafiti y murales hoy
De 2009 a 2012, el Municipio de Quito y otras entidades públicas se interesaron por el arte urbano a través de festivales, concursos y la apertura de espacios. Esto abrió las puertas para que muchos artistas puedan exhibirse en la esfera pública y ser reconocidos por su trabajo. Lamentablemente hace seis años no se han gestionados festivales ni se han mejorado las propuestas, solamente se realizan convocatorias masivas sin un contexto de fondo, lo que hace que se sature el espacio público y se pierda la estética de la ciudad.

A partir de 2013, las ordenanzas municipales con multas que van de uno a dos salarios básicos no permiten que el arte urbano quiteño siga desarrollándose. «La gestión de festivales internacionales en el país es muy importantes, ya que permite perfeccionar la técnica, usar mejor el aerosol y aprender nuevas técnicas que se usan internacionalmente», señala Andrés.

La ciudad está poblada de tags y grafitis de mala calidad que están siendo borrados por la municipalidad. No hay que confundir el arte callejero con el vandalismo. El arte callejero pretende transgredir con una propuesta visualmente atractiva y con un mensaje social. (I)

En abril, el artista presentó su muestra Seres Silentes en Pro Gallery de Cumbayá. Foto: Cortesía Andrés Franco

Bio
Andison
Arte urbano

Andrés Franco
Con más de once exposiciones, individuales y colectivas, ocho premios en concursos y festivales nacionales e internacionales, su estilo ha variado desde el realismo y la figura humana pasando por el abstraccionismo geométrico y el cómic. Actualmente trabaja como docente a tiempo completo en el Instituto de Artes Visuales de Quito (IAVQ).

Es gestor cultural y capacitador de arte. Realiza murales privados por contrato y ha realizado obras particulares para Movistar y la marca de alimentos Olé. Ha sido invitado a Cuba como representante ecuatoriano por varias ocasiones y en abril participó como invitado especial en un encuentro internacional de grafiti en Brasil. (I)

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