Carta del editor

Empieza el tiempo de los documentales en Ecuador

05 de mayo de 2018 00:00

Para la edición de este año, la organización del Festival Encuentros del Otro Cine (EDOC), que se realizará en Quito, Guayaquil y Cotacachi, recibió más de 1.500 películas que aplicaron para aparecer en su programación.

Este número habla acerca de la importancia que ha tomado este evento en la región, que es prácticamente el único en Ecuador en el que se exhiben documentales, un género que no tiene mucha cabida en las salas de cine comercial. A pesar de ello, el financiamiento sigue siendo un problema. El festival va creciendo cada año, pero los aportes de instituciones culturales no terminan de estabilizarse.

Y eso es un problema para este y otros encuentros que llevan varios años en el país, teniendo en cuenta que no hay ningún festival de cine en el mundo que se haga sin el apoyo de las instituciones culturales del país o de la ciudad en la que se realizan, como apunta Alfredo Mora Manzano, el director de los EDOC, en un artículo que aparece en estas páginas.

Los EDOC empiezan este miércoles 9 de mayo con la proyección, en el Teatro Nacional de la Casa de la Cultura, de la película Muchos hijos, un mono y un castillo (ganadora este año del premio Goya a Mejor documental). En Guayaquil, la primera exhibición se realizará un día después, en Muégano Teatro, que cerrará el 20 con el estreno de Siguiente Round.

Y en el marco de este festival, hemos entrevistado al cineasta mexicano Everardo González, quien ha trabajado durante años en películas sobre el desplazamiento de sus paisanos por la violencia que vive su país, incluyendo un proyecto Héroes cotidianos para HBO, en el que sigue a un grupo de expandilleros que tratan de ofrecerles a los adolescentes mexicanos una alternativa al mundo del narco.

Los EDOC incluyen una retrospectiva de la obra de González, con quien conversamos sobre su último filme, La libertad del diablo, un relato desgarrador que recibió el premio de Amnistía Internacional en la Berlinale y en el que hablan todos los eslabones de la cadena de la violencia: las familias de las víctimas, los sicarios, los policías y los militares, quienes ganan algo de libertad gracias a las máscaras que llevan puestas. (I)

José Miguel Cabrera Kozisek
Editor
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