Hay que ser eficientes
En la política ecuatoriana es común observar la utilización de sentimientos nacionalistas y una aversión a personas preparadas y países progresistas a quienes los responsabilizan de los fracasos administrativos y económicos del anterior gobierno. Esta herencia de un populismo arrogante e irresponsable que dominó el país por diez años, y sigue, contagiados de un espíritu de cuerpo, aducen los nuevos ricos, persecución y venganza política.
Por lo general estos políticos de profesión recurren a la mentira para hacernos creer que se destruye la democracia, a este colectivo de falsos líderes se suman grupos clientelares y chantajistas que dicen apoyarlos a cambio de beneficios y prebendas personales. Cuando la pasión se apodera del pensamiento de la gente se experimentan cambios en su personalidad, presentan actitudes incoherentes, sensacionalistas, teatralistas, histriónicas, sentimientos redentores, religiosos, políticos y sociales que se descubren con facilidad, que compensan vacíos intelectuales y carencias personales. No es raro escucharlos descargando culpas y responsabilidades en otras personas para justificar su falta de preparación y eficacia.
El país necesita desarrollar una administración que proponga nuevas ideas con capacidad, claridad, inteligencia e identidad; los problemas no podrán solucionarse si no se destierra la corrupción, se encuentra a los culpables y se establecen los correctivos necesarios; las instituciones del Estado deben cumplir con su trabajo de servicio a la sociedad para justificar su existencia con capacidad y la sociedad requiere de acciones concretas y sensatas para identificar y castigar a los culpables.
Un modelo de desarrollo tiene dos ejes fundamentales, uno material que es actuar buscando soluciones y resultados, y otro vertical llamado brújula, que nos indica hacia dónde nos dirigimos. Si solo se trabaja para alcanzar resultados inmediatos el riesgo de perderse en lo urgente, sin tomar en cuenta lo importante, es inminente. ¿De qué sirve una administración simplista, conformista y encubridora de la corrupción si no se cambia la actitud de las personas para que sean honestas y productivas y no charlatanes o recolectoras de bonos o dádivas?
Dr. Rodrigo Contero Peñafiel
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