¿Europa sin Cataluña?
Calificada de ignominia con múltiples oprobios por parte del Gobierno español, la itinerante independencia de Cataluña, a lo largo del tiempo, ha sido visualizada desde el siglo anterior, con escaso apoyo internacional, especialmente por parte de la Unión Europea, la que al tener cierto señorío tácito en aquella región, se manifiesta incrédula por la avalancha de vicisitudes económicas, morales y políticas que afrontaría peligrosamente Carles Puigdemont.
Desconcertante a veces, razonable otras, la actuación del Parlamento catalán es inteligible de independencia; la aprensión que siente la Generalitat por el daño real por parte del Reino de España anula las facultades de decisión, pues se vislumbra, ciertamente, un paisaje lúgubre al ser casi imposible su pertenencia a la Unión Europea, sin mencionar la batalla constante entre el gobierno de Madrid con el de Barcelona; visibilizar esta situación como un divorcio sería lo más adecuado, único por la circunstancia, causal e inapelable ante la comunidad separatista, que no admite un llamado al diálogo, aunque su presidente intenta hacerlo prudentemente, golpeando las renuentes puertas españolas, esquivas y lejanas de los rebeldes que a gritos en su interior piden clemencia del Rey, como a punto de ser ejecutados, mutilados por requisitos interminables de gobiernos que han sido el beneplácito de Mariano Rajoy.
Atentamente
Miguel Ángel Andrade Ortiz
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