Casa Guayasamín en La Habana
He recorrido en condiciones diversas gran parte de la geografía amorosa de mi patria y he podido degustar, minuto a minuto, el romántico perfil de su historia y su leyenda; en tal circunstancia –a más del ancestro que naturalmente me induce a quererla- en esas travesías de mar ardiente con sus himnos de algas y aves marineras y el asenso febril a los diamantinos amaneceres de los Andes, donde he logrado, en sofocantes desvaríos conversar con el Dios de los hombres, he llegado a enamorarme profundamente de ella, que en mi corazón se ha tatuado, latido tras latido, su imagen bendecida por Rumiñahui, Espejo y Eloy Alfaro.
Ahora, al penetrar a este recinto pincelado a mil colores por Oswaldo Guayasamín, oigo en eco de campanas la voz de indios y campesinos por centurias ofendidas y el aroma inconfundible de mi tierra, me llena de nostalgia en los recuerdos.
Dejad, entonces, que en poesía y con el grito de mi sangre deposite parte de mis ansias en la Cuba de Fidel, territorio hermano, precursor moderno de la libertad anti-imperialista en América latina.
Arturo Santos Ditto
Ecuador
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