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Se identifican cuatro grandes tipos de agresión en los planteles: físico, verbal, psicológico y social

En 1970, el investigador Dan Olwen describió por primera vez el bullying

Según una encuesta realizada en 2008, la mitad de los niños ecuatorianos consultados dijo haber sido golpeado o amenazado por sus compañeros.
Según una encuesta realizada en 2008, la mitad de los niños ecuatorianos consultados dijo haber sido golpeado o amenazado por sus compañeros.
Cortesía: Pixabay
06 de junio de 2016 - 00:00 - Redacción Actualidad

Es domingo por la tarde y José, un escolar que cursa el séptimo año de básica en un plantel de la capital, repasa en el comedor de su casa las lecciones aprendidas en clases de Historia. El profesor ha anunciado que el curso deberá rendir una prueba el lunes y él se apresta a estudiar.

A medida que pasan las horas, un pensamiento se apodera del paisaje interior del joven. Mientras intenta concentrarse, sin éxito, en los hechos de una batalla que marcó los albores de la nación, su mente lo lleva por los parajes de su historia personal, anónima, irrelevante, pero cargada de sus propias cruentas batallas. José se llena de angustia mientras revive en su mente los hechos que marcan su cotidianidad escolar.

¿Qué le deparará el día de mañana? ¿Serán muchos los golpes y humillaciones que sus compañeros le propinarán ese día, o logrará pasar desapercibido en esta ocasión? Quizás sea un lunes diferente al de la semana anterior. Aquel día, recuerda el muchacho, varios compañeros de curso le habían “hecho una broma”: sin motivo aparente, un grupo de compañeros se había ensañado con la mochila nueva de José mientras él no estaba. Primero la habían pateado, luego la rayaron con insultos y dibujos burlones, para finalmente lanzarla a un charco de lodo en mitad del patio de la escuela.

José, mientras intenta concentrarse en leer el texto que narra la vida de figuras notables del siglo XIX, en lo único que puede pensar es en la suerte que tienen estos personajes. Siente envidia; él desearía ser uno de ellos, no por los logros que alcanzaron ni por el reconocimiento que se les da, sino porque fallecieron hace tiempo.

La situación antes descrita, si bien es ficticia, representa la realidad que viven centenas de estudiantes de escuelas y colegios, públicos y privados, en todo el país. Según los datos arrojados por la encuesta ‘Mi opinión sí cuenta’, realizada en 2008 a estudiantes de entre 6 y 17 años, la mitad de los alumnos encuestados manifestó haber sido golpeado, amenazado o recibido burlas de sus compañeros.

Un estudio sobre violencia entre estudiantes en América Latina, realizado por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), sugiere que Ecuador se encuentra en el puesto No. 7 de un total de 16 países de la región, respecto al porcentaje de estudiantes de sexto grado de primaria que declara haber sido víctimas de robo o golpes en su escuela.

El análisis de esta investigación indica que el bullying o maltrato entre escolares proviene de dos vertientes: ser víctima de acoso o haber presenciado episodios en que el agredido es un compañero.

¿Cómo identificar la problemática?

El bullying se define como una conducta de acoso, intimidación, abuso, persecución, hostigamiento y agresión física, psicológica y moral, que ocurre de forma reiterada por parte de un estudiante o grupo de estudiantes sobre otro.

Es un fenómeno complejo que se enmarca dentro de dinámicas de dominio-sumisión entre pares, y se da principalmente en situaciones y espacios de estrecha convivencia. Es importante no confundirlo con otro tipo de conductas de agresión que son habituales dentro de las dinámicas de convivencia de niños y adolescentes, como por ejemplo peleas específicas que son producto de algún conflicto circunstancial por intereses encontrados.

El bullying se caracteriza por tres elementos que lo distinguen: es una conducta que se repite de forma sistemática a lo largo del tiempo; segundo, ocurre situaciones de desigualdad de poder (el victimario está en situación de poder, ya sea por tener más fuerza o una capacidad física superior a la de la víctima, o por gozar de mayor respaldo e importancia social dentro del grupo); y tercero, los actos de acoso y violencia van dirigidos siempre hacia la misma víctima.

Si bien no puede decirse a ciencia cierta cuándo surge históricamente el comportamiento del bullying (algunos afirman que siempre ha existido), lo cierto es que no fue sino hasta la década de 1970 cuando el psicólogo, profesor e investigador noruego Dr. Dan Olwen observó y describió por primera vez el fenómeno, delineando sus características. Tras las publicaciones del Dr. Olwen se han realizado numerosos estudios respecto al tema.

El bullying puede presentarse de diversas formas. La literatura especializada identifica y clasifica cuatro grandes tipos de acoso escolar: físico, verbal, psicológico y social. Con las nuevas tecnologías ha surgido también una nueva modalidad de acoso que llega hasta el hogar de las víctimas. Es lo que se conoce como ciberbullying. En esos casos los acosadores se dedican a molestar a través de internet por medio de correos electrónicos, la difusión de fotografías alteradas y la difamación en redes sociales.

¿Cuáles son las consecuencias?

Independientemente de la forma que asuma el maltrato, se ha observado que el bullying tiene consecuencias nefastas en el desarrollo psicológico, socioafectivo y cognitivo de los alumnos que participan en estas dinámicas, tanto de los victimarios como de las víctimas.

Los resultados del acoso escolar pueden ser diversos. Para los victimarios –los que ejercen el acoso- las posibles consecuencias van desde la generación de altos niveles de ansiedad (relacionada a la violencia reactiva), un déficit en el procesamiento de la información social, pasando por tendencias a desarrollar rasgos de personalidad con poco autocontrol, la asociación de su identidad con la clandestinidad y una sensación de impunidad. Además sufren del deterioro de su desarrollo moral y un aumento del riesgo de acercamiento a la delincuencia y la criminalidad.

En el caso de los espectadores -que son observadores pasivos del acoso- el mayor riesgo es el de naturalizar las agresiones y volverse indolentes frente a la violencia. Por último, para las víctimas -que son receptores directos del maltrato- los efectos nocivos que pueden llegar a experimentar van desde una significativa disminución de la autoestima, el deterioro de la seguridad en sí mismo, pasando por una baja en su rendimiento escolar.

También las víctimas tienen una tendencia al aislamiento y dificultad para desarrollar habilidades sociales, afrontan la deserción escolar, la ansiedad, la depresión e incluso, en casos muy graves, hay quienes han llegado a cometer homicidios múltiples y suicidio. Existen numerosos registros de incidentes en los que el bullying extremo terminó en tragedias.

Uno de los casos más recordados fue el de la masacre en una escuela secundaria de Columbine (Colorado, EE.UU.) en 1999, en el que dos alumnos del colegio, Eric Harris y Dylan Klebold, que habían sido víctimas de abusos constantes durante años por parte de sus compañeros de colegio, planificaron meticulosamente cómo asesinar a la mayor cantidad de alumnos y profesores.

Este hecho dejó un saldo de 15 muertos y 25 heridos -contando a los perpetradores, quienes al finalizar la carnicería se suicidaron-. Sudamérica no ha estado exenta de hechos similares. En Argentina, en 2004, tuvo lugar un caso que llegó a conocerse como la ‘masacre de Carmen de Patagones’, en el que un joven de 15 años, que sufría de acoso escolar, terminó matando a tres compañeros e hirió a otros cinco.

Solo cuatro años antes, en otra localidad de Argentina, Javier Romero, apodado por sus compañeros de curso como el ‘Pantriste’, cansado de las burlas, sacó un revólver a la salida del colegio y, luego de gritar: “¡Me voy a hacer respetar!”, comenzó a disparar a diestra y siniestra. Asesinó a un compañero e hirió de gravedad a otro.

Homicidios, muertes accidentales, producto de los maltratos y suicidios, son situaciones que han sacado a la luz pública el problema del acoso escolar. Países como México, Chile, Argentina, Perú y Estados Unidos, por mencionar algunos, han sido testigos de cómo el problema del acoso escolar puede terminar en desenlaces fatales.

En Ecuador, el Ministerio de Educación, en colaboración con iniciativas privadas, ha tomado medidas de prevención (por medio de campañas de concienciación y sensibilización) e implementación de protocolos de intervención para estos casos. El MinEduc ha entregado miles de guías llamadas “Basta de bullying! No te quedes callado!” a las instituciones del país. (O)

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