El video que develó el horror de la invasión de Estados Unidos en Irak

05 de abril de 2013 00:00

No hace mucho se había cumplido un nuevo aniversario de la invasión de fuerzas estadounidenses en Irak. El calendario marcaba el jueves 12 de julio de 2007. En esa jornada,  dos colaboradores de la agencia de noticias británica Reuters -Saeed Chmagh y Namir Noor-Eldeen- recorrían las polvorientas calles del distrito de al-Amin al-Thaniyah en Bagdad.

Días después se conocería que los periodistas buscaban fuentes para un reportaje sobre las precarias condiciones en las que subsisten  varios barrios de la capital iraquí tras la invasión militar que comenzó  Estados Unidos apoyado por sus aliados desde febrero de 2003.

Lo que Chmagh y Noor-Eldeen desconocían era que mientras ellos buscaban a sus fuentes por ese sector, sobre sus cabezas estaban  dos helicópteros estadounidenses AH-64 Apache  con cañones de 30 mm que los tenían en la mira.  “Siguen pasando (...) y uno de ellos tiene un arma (...) Sí, recibido. Calculo que hay, probablemente, unos veinte de ellos (...) Eso es un arma (...) Malditos idiotas (...) Permiso para atacar (...) Tienes libre para atacar (...) Mierda, cuando estés encima de ellos, simplemente reviéntalos (...) Ok, voy a atacar (...) Recibido, los tengo (...) Ups, ¿pasó algo? jajaja (...) Maldita sea, Kyle (...) Le hemos dado como a unos ocho individuos. Hay uno que se está arrastrando (...) Estamos disparando a unos más (...) Oh sí, mira a esos hijos de puta muertos (...) Precioso”. Este es un extracto de la conversación que tuvieron los tripulantes de los dos helicópteros Apache mientras disparaban y arrasaban con aproximadamente cuatro cuadras -y con todo ser viviente en ese perímetro- de ese barrio de Bagdad.

Tras poco más de seis minutos de ataque, en la zona devastada solo quedaban dos personas heridas que se arrastraban pidiendo auxilio. En pocos segundos una furgoneta apareció en escena para socorrer a los abaleados. Entre los pilotos de las naves norteamericanas comenzó, en esos momentos, un debate sobre atacar o no al vehículo.

Luego de una respuesta afirmativa al pedido, una ráfaga cubrió a la furgoneta, el polvo se levantó impidiendo la visión de los tiradores. Más disparos, más confusión. Una vez que la polvareda se disipó se pudo ver el resultado del operativo militar: Doce muertos regados por las calles, entre ellos Chmagh y Noor-Eldeen.

Lo que se halló en el terreno   

Ocho minutos después del ataque, un grupo de militares norteamericanos llegó a la escena para recolectar evidencias sobre los abatidos. Estos uniformados encontraron a dos niños heridos en la furgoneta que había sido abaleada.

Militares estadounidenses intentaron llevar a los infantes al centro médico de la cercana base americana de Bustamiyah para que recibieran una atención oportuna con médicos especializados, pero órdenes superiores requirieron que los entregaran a la policía local para que sean  atendidos en un hospital público. “Bueno, es su culpa por traer a sus hijos a la batalla (...) Es verdad”, se dijeron entre los superiores de los helicópteros norteamericanos.

“No hay asesinatos deliberados de civiles inocentes de nuestra parte. Hacemos grandes esfuerzos para impedirlos. Sé que dos niños resultaron heridos e hicimos todo lo posible por ayudarles. Ignoro cómo pudieron resultar heridos”, diría meses después Brent Cummings, oficial del ejército de EE.UU., al diario  The Washington Post.

Junto a estas excusas salieron al público las dichas por Scott Bleichwehl, portavoz del ejército de Estados Unidos en Bagdad, quien dijo:  “No hay duda alguna de que la coalición ha entrado en combate contra una fuerza hostil”. Era así que los altos mandos estadounidenses en suelo iraquí llegaron a la conclusión de que las bajas resultantes se produjeron en una batalla que había tenido lugar entre fuerzas de EE.UU. e “insurgentes”.

La duda surge en Reuters

Una vez conocidos los resultados de este operativo en ese barrio iraquí, la agencia de noticias Reuters exigió a las autoridades norteamericanas una investigación sobre los hechos que derivaron en el asesinato de sus dos colaboradores.

En agosto de 2007 Reuters se acogió a la “Freedom of Information Act” (una ley que otorga a todos los norteamericanos el derecho de acceso a la información federal del gobierno) para solicitar una copia del video (evidencia) tomado por el helicóptero responsable del ataque.

De la misma manera se exigió al ejército de EE.UU. que explicara por qué las dos cámaras de los dos periodistas fueron confiscadas tras el operativo militar. Y también se pidió acceso a los informes de las unidades involucradas en el incidente, en particular el registro de las armas que fueron tomadas de la escena del ataque. Estas peticiones nunca tuvieron respuesta desde las autoridades castrenses de EE.UU.

WikiLeaks surge en la escena

Nada de lo narrado en párrafos anteriores hubiera podido ser conocido si no fuera por la participación, en 2007, del naciente portal electrónico llamado WikiLeaks. Si bien el lanzamiento de este sitio de internet, creado por Julian Assange, fue en diciembre de 2006, su gran “presentación” ante la opinión pública fue en una conferencia de prensa el 5 de abril de 2010 cuando develó un video -bautizado como Collateral Murder (Asesinato colateral, en español)- en el que se mostraba lo que verdaderamente ocurrió el 12 de julio de 2007 en el operativo militar en el que fallecieron Chmagh y Noor-Eldeen.

05-04-13-act-Bradley-ManningFue a través de este video -que hoy cumple tres años de haberse presentado- que se pudo conocer que las supuestas armas que tenían los “insurgentes” iraquíes eran, en realidad, las cámaras de los dos reporteros de Reuters. También se vio que el proceso para “reconocer” al enemigo se tomó en breves minutos y que la decisión de abalearlos fue aún más rápida. También se conoció que a los dos menores heridos se les negó una atención médica oportuna debido a órdenes superiores.

Bradley Manning, el militar norteamericano que filtró el documento audiovisual a WikiLeaks, en un juicio que se le sigue en su país calificó a lo ocurrido ese día como “pornografía de guerra”, porque descubrió cómo sus compañeros disfrutaban de asesinar a iraquíes.

Manning, hace pocos días, confesó que cuando filtró el video lo hizo para que conmocione a la ciudadanía en general y se conociera el “horror” de la invasión en Irak. El impacto llegó, pero desde las altas esferas militares de EE.UU. no hubo eco y estos hechos siguen impunes.

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