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Ya no aguanto más trabajar así

Durante mucho tiempo se creyó que los problemas de salud mental pertenecían únicamente al ámbito íntimo de las personas, como si el trabajo, las instituciones o las dinámicas organizacionales no tuvieran relación con ellos. Pero esa idea ya no resiste la realidad. La OMS estima que el 15% de los adultos en edad de trabajar vive con un trastorno mental en un momento dado y advierte que la depresión y la ansiedad cuestan a la economía mundial alrededor de un billón de dólares al año, principalmente por la pérdida de productividad.

Cuando el malestar, el agotamiento, el miedo o la angustia se vuelven parte habitual de la experiencia laboral, ya no estamos solo ante un problema individual, sino frente a una falla institucional. La OMS y la OIT han advertido que el trabajo puede ser una fuente de bienestar, pero también de daño, y por eso recomiendan intervenir sobre los riesgos psicosociales, formar a quienes lideran equipos y ofrecer apoyos reales a quienes atraviesan dificultades emocionales o psicológicas. En este punto, Byung-Chul Han ayuda a ponerle nombre a algo que muchas personas sienten, aunque no siempre sepan cómo explicarlo. Su idea de la “sociedad del rendimiento” describe una época en la que ya no hace falta que alguien nos presione desde afuera, porque nosotros mismos nos empujamos sin descanso. Queremos rendir más, hacer más, llegar a todo. Y en esa carrera silenciosa terminamos cansados, vacíos y, muchas veces, culpándonos por no poder más.

El “ya no aguanto más” no es una muestra de falta de carácter ni de fragilidad personal. Muchas veces es la huella que deja un trabajo vivido durante demasiado tiempo bajo presión, cansancio y exigencia constante. Por eso, cada vez resulta más claro que no se trata solo de “aguantar”, sino de reconocer que algo en la forma de trabajar está fallando. También implica entender que una institución sana no es la que oculta el malestar, sino la que permite hablar, equivocarse y pedir ayuda sin miedo.

El Estado y la universidad no pueden seguir pidiendo compromisos vocacionales mientras normalizan el agotamiento de quienes los sostienen. En Europa se ha impulsado un enfoque integral de salud mental en las políticas públicas, y la OMS ha promovido orientaciones para integrar la salud mental y el bienestar en los distintos sectores de gobierno. A su vez, UNESCO advierte que una parte importante de la comunidad universitaria enfrenta problemas de salud mental y recomienda apoyo gratuito, además de políticas académicas más flexibles. De ahí que las autoridades y las unidades de talento humano, o las instancias encargadas del bienestar institucional, deban repensarse de manera inmediata y radical para enfrentar un problema que no es pasajero, que ha llegado para quedarse y que, de una u otra forma, nos afecta a todos. Porque, sencillamente, ya no se aguanta más.

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