Sombreros que coronan a Ecuador
En un evento global como el Mundial 2026, los ministerios que les compete, deberían crear una campaña visual, donde los jugadores de nuestra selección, tengan una consigna en sus sombreros: toquilla, el tejido del orgullo.
Hay obligación de elaborar videos promocionales y viralizar en redes, dónde se muestre la tradición de Montecristi y Jipijapa- provincia de Manabí -como un símbolo cultural del Ecuador, que se entrelaza con el futbol.
A nivel internacional, para educar sobre el origen del sombrero ecuatoriano como símbolo eterno, cabe la necesidad de impulsar una campaña global de rebranding y que todas nuestras misiones diplomáticas, embajadores de nuestra cultura, artistas de renombre- entre otros- puedan gritar al mundo, que son manos ecuatorianas las que tejen y crean los sombreros de paja toquilla.
El gobierno, a su vez, tiene la responsabilidad de llevar el caso ante la Organización Mundial de Propiedad Intelectual, OMPI, para solicitar una denominación de origen controlada, así como fortalecer las leyes internas del país, proteger la artesanía y el nombre.
La UNESCO declaró el tejido tradicional del sombrero ecuatoriano de paja toquilla como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, el 5 de diciembre de 2012.Este enunciado reconoce el complejo proceso artesanal que abarca desde el cultivo de la paja y su tratamiento, hasta las ancestrales técnicas de tejido transmitidas de generación en generación en provincias como Manabí, Azuay y Cañar.
Durante la ceremonia en Montecristi, se reconoció la importancia cultural, social y económica que ésta práctica artesanal representa para Ecuador y el mundo. La inscripción, no solo destacó el valor cultural del tejido de paja toquilla, sino que resaltó su conexión con la identidad y el desarrollo sostenible de las comunidades que lo practican.
Los sombreros que coronan a Ecuador, son originarios principalmente de la provincia de Manabí se tejen a mano con fibras de la palmera Carludovica palmata. De forma errónea se lo conoce con otro nombre debido a su comercialización durante la construcción del Canal de Panamá.
La elaboración, puede tomar desde tres días hasta ocho meses, o incluso un año para los sombreros más finos. Se utiliza la fibra de paja toquilla cultivada en la costa, procesada y blanqueada para obtener una textura ligera y duradera. Es considerada una obra de arte y una herencia familiar.
Los sombreros extra finos de Montecristi pueden costar más de siete mil dólares ($7.000). Son reconocidos mundialmente por su frescura, flexibilidad y elegancia. Sin embargo, existen opciones accesibles de alta calidad.
No existe un ecuatoriano en el mundo que no haya escuchado y disfrutado del famoso pasillo Romance a una Tejedora Manabita, del músico y compositor manabita Filemón Macías Joza, cuya poesía inspirada en los versos del poeta ecuatoriano Francisco del Castillo, describe a una mujer que teje un sombrero fino con sus dedos como pétalos de flores. El compositor se pregunta, si ‘’ teje el sombrero con agua delicada o con diamantes cristalizados, o si sus dedos están tejiendo el sombrero con rayos de luna india’’. Sugiere que la tejedora hace milagros al tejer, pero no revela sus secretos.
