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“Manco Cápac”: el poder de la resiliencia

Sorprende ver un filme peruano, en realidad de Puno, en una de las salas de Ecuador: “Manco Cápac” (2020) de Henry Vallejo. Recientemente fue estrenado en el marco de un festival de cine de Perú. Y sorprende porque se trata de un tipo de cine regional, distinto probablemente a los del circuito comercial peruano o latinoamericano. Por ser regional, hay quienes señalan que es cine de bajos recursos, casi artesanal, con actores no profesionales y con mucha inventiva a la hora de su realización. El resultado es claramente una película altamente profesional que le llevó aser seleccionada como precandidata para los Óscar en la categoría de mejor filme internacional en el año 2022 por parte del Ministerio de Cultura de Perú y, no solo eso, cosechó una buena cantidad de premios en festivales internacionales.

Desde ya, digamos que “Manco Cápac” es el ejemplo de un cine contemporáneo en el que se trata de seguir pacientemente la vida de un personaje acaso librado a su suerte. Su tono podría ser el de una crónica cinematográfica si pensamos en otro caso, la obra de Wim Wenders, “Días perfectos” (2023), sobre la rutinaria vida de un trabajadorque limpia baños en Tokio, aunque también parece seguir, como el mismo Wenders, a un gran cineasta japonés, Yasujirō Ozu, minimalista tanto en su estética como en sus argumentos, paradigma de un cine contemplativo.

“Manco Cápac” sigue la vida, en unos pocos días, tras su llegada a Puno, del joven Elisbán. Impulsado por la promesa de su amigo de colegio para trabajar juntos, además de eludir a su padre, al parecer un obrero alcohólico, Elisbánsueña con tener otra vida en aquella ciudad sureña, puerto en el lago Titicaca, ciudad altiplánica, fría y acaso hostil. Como no puede encontrarse con su amigo y con solo una moneda en el bolsillo, al personaje le toca sobrevivir, tratar de comer, buscar algún tipo de trabajo y esperar pacientemente a que su destino cambie.

Dicho así, el filme parecería un dramón sobre la existencia humana. Pero habría que afirmar que no es así. Escapa a ese cine social en el que la pobreza o el sufrimiento humano podrían ser los argumentos para conmover corazones. Más bien, con firmeza, honestidad e inteligencia, Vallejo hace un filme que se aleja por completo del tipo decine miserabilista que en algún momento pudo ser típico del cine latinoamericano. En realidad, se trataría de un cine que refleja, insisto, el tono de una crónica donde la soledad, lasupervivencia y también la resiliencia son sus temas esenciales.

Elisbán, en este marco, es un joven sin nada encima: lo vemos con su sencillo traje y una pequeña mochila, además de unos zapatos desgastados. Vallejo lo retrata en planos largos o planos medios y fijos con su rostro casi inalterable, impávido a veces, y que tampoco expresa que podría rendirse a cada portazo que recibe. Él está solo en una ciudad fría y lluviosa; transita buscando alguna oportunidad; la cámara lo sigue como si fuera un flâneur en medio de calles vacías y otras llenas de gente. Poco a poco, simbólicamente, pareciera que el director nos introduce en un emplazamiento extraño porque ese vacío, esa soledad de la ciudad contrasta a momentos con movimientos de festividad y con la misma soledad de la persona en dicho entorno, valga la redundancia. Es así como nadie se conduele de este muchacho o, mejor dicho, salvo una vendedora de mercado que le ofrece periódicamente comida, con quienes se topa y que en cierta medida le extienden su mano, son gente que le dan a cambio de su trabajo algo inútil: el dinero parece algo sin sentido, peor el puñado de dólares que tiene a ratos, cuyo valor no tiene el mismo sentido que para cualquier occidental. Dicho de otro modo: Elisbán carece de lo elemental para encajar en la modernidad; es decir, aparte de no poseer dinero, no tiene estudios, no conoce a nadie, no tiene dónde vivir para, por lo menos, cumplir con aquello que exige algún puesto de trabajo, o sea, una referencia que le identifique. Constatamos, entonces, un ser que está invisibilizado del todo para la sociedad.

Es desde este horizonte que podemos pensar la sobrevivencia de forma cruda. ¿Es posible vivir sin un centavo encima? ¿Es posible dormir en las noches pese al intenso frío altiplánico de Puno? ¿Es posible seguir resistiendo tozudamente todo el rechazo ciudadano? Curiosamente, en “Manco Cápac”, por más que veamos el ambiente de una ciudad distante, Elisbán se las arregla para estar en su interior como si habitara dentro de un monstruo que deglute la vida de forma lenta; así, no vemos situaciones de robo violentos, de crueldad contra el indigente, de engaño malicioso cuando ven a Elisbán con dólares, producto de algún trabajo fortuito, etc. Todo ello remarca, más bien, un mundo donde la precariedad es el signo de la existencia en subsistencia: es el trabajo y la vida inestables, es un entorno, pese al turismo, en el que se siente que están aquellos a quienes Jacques Rancière llama sujetos de la “parte de los sin parte”, los abominados por la comunidad política porque constituyen un exceso.

Frente a lo anterior, “Manco Cápac” se sustenta en un núcleo fundamental: la representación de la resiliencia. Se entiende a esta como la capacidad que tendría todo ser humano para adaptarse en un entorno adverso con actitud positiva. Elisbán, decía, es tozudo, pero también es capaz de gestionar emocionalmente los reveses o los problemas que enfrenta. Incluso su cuerpo es resistente al frío y a la lluvia persistentes; es decir, físicamente demuestra ser una fortaleza ante el entorno. Con estos y otros elementos, elfilme no ofrece una solución a la situación precaria y desobrevivencia de Elisbán, pese a su actitud resiliente: este es el valor de “Manco Cápac”, pues nos basta saber que el personaje, como un héroe anónimo, siempre estará buscando salidas a su condición. Para el caso, evidenciamos su creatividad y su vocación de innovador. Esto se infiere poco a poco. La salida estereotipada que un mal cine o guion sería, por el contrario, la de la delincuencia. Vallejo pretende demostrar que el ser humano andino no se rinde ante la adversidad.

Y acá quizá vale la pena poner de manifiesto el mismo título y el arco que tiene que ver con el inicio y su conclusión. Cuando vemos arribar a Elisbán en un bus a Puno, notamos que está en el piso interior, como si estuviera en pose fetal. Vallejo simboliza con ello al migrante que debe tener la conciencia de que renace en otra tierra. En la parte media de la película hay un giro respecto al comportamiento de Elisbán: él recoge de los basurales latas, papeles, telas, etc.; encuentra arcilla en el camino; sabemos que a él le gustan las artes plásticas y es lo que quisiera estudiar en algún momento de su vida. Y de pronto lo vemos investido, en la plaza de Puno, como si fuera Manco Cápac,posando como una estatua viviente (narrativamente eraoportuno que debiera seguir haciendo algo para tener monedas para subsistir). He ahí lo grandioso de esa actitud resiliente: hallar una veta distinta y ser artista de la calle.

Pero metafóricamente habría que preguntarse: ¿qué pasaría si realmente Manco Cápac volviera al lugar donde míticamente emergió, el lago Titicaca, para fundar el imperio inca? ¿Y qué pasaría, en el tiempo actual, al renacer, si sediera cuenta de que su imperio habría concluido en un mundo materialista, sin espíritu, en el que su imagen y memoria quedaron tan solo como productos comerciales y turísticos para consumir? “Manco Cápac”, de esta manera, es una película trascendente, muy rica a nivel de significaciones, además vigorosa en cuanto a su estructura: Elisbán representa la condición de la dignidad humanaporque tiene la voluntad para aceptarse y rehacerse a sí mismo, además de nutrirse de los mínimos detalles que cosecha a su paso. Desde ya, diré que con este personaje se constata que habría cierta juventud andina en la que se puede augurar una potencia en ciernes.

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