Magnifica Humanitas
La Carta Encíclica del Papa Leon XIV “Magnifica Humanitas” ha levantado diversas voces y opiniones enfocadas principalmente en los riesgos generales de la IA respecto al empleo, la desinformación, la dignidad humana, la ética, y en comparaciones con otras encíclicas. Sin embargo, esta encíclica es una clara advertencia moral contra abusos de la IA y una propuesta completa de Doctrina Social remozada que interpela sistemas económicos y políticos actuales, con hondura antropológica y relevancia política ante los riesgos de la concentración del poder en la era digital.
Magnifica Humanitas es la aplicación explícita de los principios clásicos de la Doctrina Social de la Iglesia respecto al destino universal de los bienes, a la subsidiariedad y la justicia social, a los “bienes digitales”, es decir, a los datos, algoritmos, patentes, plataformas tecnológicas; junto con una convocatoria a “desarmar” la IA -que no renunciar a ella-, repensando el poder tecnológico en clave de bien común para evitar que domine sobre lo humano. Pugna por evitar que se agraven las desigualdades y erosionen la libertad y la solidaridad.
Este mensaje solemne a los obispos, a los fieles y al mundo entero, gira en torno a la custodia de la dignidad de la persona humana en la era de la IA; actualiza la Doctrina Social de la Iglesia en continuación con la encíclica Rerum Novarum (1891), de León XIII. Su esencia es la “magnífica humanidad” creada por Dios y su dignidad innegociable. Apela por la decisión definitiva colocando en el centro a Dios, la diversidad y la responsabilidad compartida, por sobre una nueva Torre de Babel -orgullo tecnológico, poder privado sin control, deshumanización-; aboga por la dignidad, la igualdad y los derechos humanos, el bien común, la subsidiariedad y la solidaridad, el desarrollo humano integral con trabajo digno y libertad. Defiende la verdad como bien común, el multilateralismo, la diplomacia. Es también un llamado a la acción y esperanza cristiana mediante fe, ciencias y sociedad, construyendo la civilización del amor antes que del poder; exaltando y cuidando a los humildes.
No se trata de un manifiesto anti-tecnología, sino más bien de un llamado realista y profético a humanizar el progreso: colocar la IA y el poder digital al servicio de la persona, del bien común, evitando que se convierta en un nuevo ídolo tecnocrático, para lo cual exige afinar el discernimiento moral y político dirigido a humanizar el progreso.
