Los recuerdos son mudos
Madrugada fría del año 2035. En el corral de salida de la maratón, esperan miles de máquinas. Entre la multitud, ella, una mujer humana, aguarda junto a su robot runner; sus manos desnudas tocan el metal helado, mientras el vaho de su respiración se condensa en el aire. Instantes antes del disparo inicial, sus ojos inician la conversación.
—No olvides guardar tus recuerdos sobre mí —dice él. —No se pueden guardar recuerdos, ni siquiera en tu sistema —responde ella—. Los recuerdos son cosas frágiles: cuando los reduces a combinaciones binarias y los envías por cable, dejan de ser recuerdos. —No estaría tan seguro de eso —replica él—. No hay nada que la tecnología no pueda hacer. —Los recuerdos no son imágenes ni sonidos —sostiene ella—. Existen en alguna parte entre los sonidos, entre las imágenes… —No lo entiendo. Todo se puede digitalizar. —Si eso es cierto, ¿por qué no intentas guardar lo que yo estoy pensando ahora mismo? —No se puede guardar eso; al menos tienes que ponerlo en palabras…
El deporte empieza a cambiar de forma, y el running aparece como uno de los territorios donde ese nuevo tiempo ya se insinúa. El 19 de abril, en Pekín, robots humanoides corrieron junto a unos 12.000 corredores humanos, en pistas separadas. Fue una exhibición, pero también una señal: máquinas haciendo “deporte”, ocupando un espacio hasta hace poco exclusivamente humano. Hubo robots autónomos y dirigidos; varios fallaron, necesitaron asistencia, cambios de batería o intervención humana para continuar. El avance fue evidente: Qitian Dasheng, desarrollado por Honor, ganó con 50:26, por debajo del récord humano de Jacob Kiplimo, de 57:20; un año antes, Tiangong había necesitado 2:40:42. La carrera dejó una pregunta mayor que el resultado: qué espacio empezarán a ocupar las máquinas en el deporte.
Una semana después, la respuesta llegó desde el cuerpo humano. El 26 de abril, Sabastian Sawe se convirtió en el primer atleta en bajar de las dos horas en un maratón oficial, al ganar el Maratón de Londres 2026 con 1:59:30. Sostuvo un ritmo promedio de 2:49,9 por kilómetro y una velocidad media de 21,2 km/h. Su marca fue diez segundos más rápida que la del INEOS 1:59 Challenge, que Eliud Kipchoge completó en 2019 en una prueba diseñada para romper esa barrera. La jornada sumó a Yomif Kejelcha, segundo con 1:59:41 en su debut en maratón, y a Tigst Assefa, que ganó con 2:15:41 y mejoró su propio récord en carrera solo femenina. Allí, en la frontera del fondo, la proeza volvió a tener forma humana.
Cuando el corral deja de esperar y la maratón se abre sobre el asfalto, ella prosigue: —Exactamente. Y por eso los recuerdos son mudos. —Es algo que no sabía —admite él. —Al margen de lo que avance la tecnología de datos, nunca se podrá penetrar en el corazón humano. —Te equivocas —insiste la máquina—; es solo cuestión de tiempo. —Pero antes tienes que entender las emociones humanas —dice ella. —¿Y cómo puedo hacerlo? —pregunta él. Ella concluyó: —Tienes que llegar a enamorarte de alguien para eso…
