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La esfera orbitará el planeta 1

El Mundial 2026, es el primero de la historia con tres países anfitriones y sus respectivas ceremonias inaugurales, consideradas como las más grandes. En México (ayer), Estados Unidos y Canadá (hoy), dónde cada una de las naciones organizadoras expone su cultura a través de un hilo conductor creativo común que, re imagina el trofeo de la Copa del Mundo de la Federación Internacional de Fútbol.

En el ámbito regional se visibiliza un recambio generacional y la búsqueda de figuras ofensivas estelares. Será el campo propicio para romper récords, además de la preocupación por el impacto del cambio climático y el calor extremo en los estadios, marcan la pauta de las discusiones sobre la viabilidad y el rigor físico de los jugadores. Sin duda, es el torneo que trasciende su esencia deportiva para convertirse en una poderosa industria global, un catalizador de transformación económica y un espejo de las tensiones sociales y ambientales actuales.

Considerado como el mayor acontecimiento deportivo del planeta y el más caro, el mundo, durante décadas, cada cuatro años, hace una pausa de un mes (este año, nueve días más) para participar en un espectáculo de nacionalismo. Es atractivo y de bajo riesgo. No solo es magno por sus 48 selecciones, sus 104 partidos y sus 1248 futbolistas.

También marcará un récord que expone una transformación profunda del futbol de selecciones. 289 jugadores competirán para un país distinto al de su nacimiento. La cifra representa el 23.2% del total y confirma un fenómeno cada vez más visible, atravesado por la migración, dobles nacionalidades, ancestros familiares y cambios de elegibilidad permitidos por la FIFA.

El equipo estadounidense tiene más talento que en el pasado, pero hace años, no impresiona. El fútbol es un deporte en crecimiento más que uno dominante en ese país y muchos ciudadanos no sienten precisamente el arrebato que genera este deporte. Se habla de un boicot mundial como una especie de protesta contra el presidente Donald Trump: sus guerras, sus políticas fronterizas, su ímpetu imperial.

La pelota volverá a concitar las miradas de todos, o de casi todos. Habrá quienes, como Borges, se pregunten qué demonios hacen veintidós locos corriendo tras ella para disputársela con uñas y dientes (“por qué no le dan una a cada uno”, ironizó alguna vez el escritor). Pero serán millones, miles de millones… en la cancha y a través de las pantallas, desde los cuatro puntos cardinales, los que seguirán esa coreografía que se organiza alrededor de un globo que no deja de girar por el campo de juego.

Como un sol, la esfera ordenará el movimiento del planeta, que durante treinta y nueve días orbitará alrededor suyo. Nadie puede predecir su vuelo, y menos cuando viaje hacia el arco por encima de la barrera después de la caricia de alguna zurda prodigiosa; cuando- como detenida en el aire- paralice el aliento…En ese momento, todo puede suceder, justo antes de que el final de su trayectoria inaugure la gloria en un lado y la derrota del otro.

Los mundiales, tienen la capacidad de generar todo tipo de emociones y sensaciones, sea por el sentimiento de orgullo espontáneo, desborde de pasión y amor a la camiseta como no hay otro, la sobreactuación de ciertos narradores deportivos que nos quieren vender algo y empalaga. ¡‘’Nuestro Juramento’’, apoyar de forma incondicional a la selección ¡

Cada nación sueña por la conquista de la Copa, reconoce el trabajo y entrega de los jugadores y del equipo técnico. Ejemplo que las dirigencias políticas del globo terráqueo, no deben dejar pasar. Y mientras la adrenalina está a tope, el ciudadano de a pie – debe hacer seguimiento de su clase política – y no bajar la guardia para evitar goles en contra.

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