Sarayaku, contra la provocación, serenidad
Nadie duda de que se pretendió llevar al Gobierno Nacional a una confrontación armada. Nadie duda de que Sarayaku era una emboscada donde los primeros muertos habrían sido indígenas, aunque la Policía hubiera ido con balas de salva o sin armas.
¿Por qué este encono contra Ecuador? En primer lugar, porque es un modelo que se puede replicar en Europa y América Latina; porque tiene un gobierno que anda redistribuyendo la riqueza de manera acelerada y democrática a través del acceso a salud, educación, transporte, seguridad y justicia, cinco rubros cuya inversión estaba prohibida por el FMI y el Banco Mundial. Ecuador es agredido porque tiene un pueblo amazónico que ha tenido el coraje de enfrentarse y ganar legalmente, con el abogado provinciano Pablo Fajardo, nada menos que a la Chevron y, además, tiene un gobierno que lo respalda. Todo ello inadmisible, pues pone en riesgo el modelo cada vez menos hegemónico de la banca, de las transnacionales del petróleo y de la minería. Entonces se lanza la ofensiva orquestada por los serviles, por los medios de comunicación (CNN incluida), los tontos útiles de la ultraizquierda y hombres honestos e ingenuos que se ofrecen para proteger a tres fugitivos de la justicia. ¡Cuidado, no todo perseguido es un mártir!
La respuesta serena, inteligente, desarmó la bomba de tiempo. Valientes los generales que fueron sin armas (Suárez y Pazmiño, el más alto nivel de la Policía Nacional), los fiscales y los periodistas. Serenos el presidente Rafael Correa y el ministro del Interior, José Serrano, que desecharon los tambores de guerra. Derrotados los mandaderos del imperio y los agentes internos y externos de la desestabilización antidemocrática.
Cléver Jiménez, agente pagado o no de la Chevron y de otros intereses extranjeros, hoy sigue prófugo con sus cómplices Figueroa y Villavicencio. En la comunidad se ha cambiado de dirigencia y quedan pendientes acciones de conciliación que se deben llevar a cabo, como la Resolución de la Corte Interamericana. Nosotros sabemos que, con la firmeza de las decisiones y la prudencia de las acciones, vamos ganando las batallas contra quienes buscan la violencia para desestabilizar al país y destruir la democracia, añorando el retorno de los tiempos donde no había que pagar el seguro social ni el salario digno de la empleada o de los obreros.
El ataque que buscaban contra Sarayaku es el inicio del nuevo estilo de ofensiva. Pasó la asonada del 30 de septiembre, el asesinato de Bosco Wisuma y ahora Sarayaku. Cuidemos lo avanzado, cuidémonos de los cantos de sirena de la derecha dentro del Gobierno y fuera de él. Sepamos manejar las contradicciones y, sobre todo, construyamos las alianzas con los compañeros que han ganado a través de las luchas, el espacio que hoy tiene la Revolución Ciudadana.
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