¿Qué sabes acerca de las pesadillas y terrores nocturnos?
Entre las parasomnias o trastornos primarios tenemos: las pesadillas, los terrores nocturnos, el sonambulismo, entre otros. Cuando las pesadillas se presentan en el niño, normalmente lo despiertan. La historia de la pesadilla en el niño es muy compleja, pero parece muy real. Las pesadillas son más apropiadas en niños con cierto nivel de desarrollo mental; los intereses y los sucesos a su alrededor suelen formar parte de los sueños.
El niño está completamente despierto, alerta y consciente después del sueño. Normalmente se puede calmar al niño con facilidad después de una pesadilla, aunque puede ser difícil para el niño volver a dormir. Recuerde que las pesadillas son frecuentes en los niños, pero si pasan con demasiada frecuencia durante largos períodos de tiempo, o bien tienen consecuencias diurnas, o existe una pérdida de la cantidad de sueño (somnolencia, ansiedad y miedo a la cama), entonces es cuando se debe llevar al niño a un especialista en trastornos del sueño.
Los terrores nocturnos son episodios donde el niño se despierta de forma brusca, con un grito. Son las parasomnias más dramáticas y extremas y las que más asustan y estresan al presenciarlas. Suelen acompañarse de agitación, sudoración, llanto, terror. Cuando esto ocurre es importante recordar que el niño no es consciente del sueño y típicamente no lo recordará. Estos episodios son de 3-5 minutos de duración aproximadamente, pero ocasionalmente pueden ser un poco más largos.
El sonambulismo es un trastorno que ocurre cuando una persona camina o realiza otra actividad estando aún dormida, puede ocurrir a cualquier edad, pero es más frecuente en los niños de 4 a 8 años de edad, y parece ser hereditario. Usualmente no se conoce la causa del sonambulismo en los niños, pero es posible que esté asociado con fatiga, falta de sueño o ansiedad. El sonambulismo, por lo regular, disminuye a medida que los niños crecen. En los adultos, puede estar asociado con trastornos mentales, reacciones a drogas y alcohol, o afecciones médicas tales como convulsiones parciales complejas. En los ancianos, el sonambulismo puede ser un síntoma de síndrome psicoorgánico o trastornos del comportamiento relacionados con el sueño.
Dormir es algo necesario para la vida, es placentero y nos recarga el cuerpo de energía para poder realizar diferentes actividades durante el resto del día. Pero también se puede convertir en algo negativo si lo tomamos en exceso, o trastornamos los horarios habituales.
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