Propósito común
Por estos días, hace 200 años, los revolucionarios de la primera Independencia se encontraban divididos. “Todos se odiaban entre ellos, mucho más de lo que debieron odiar a los enemigos comunes”, según el historiador Roberto Andrade.
Intereses personales y partidistas se fueron anteponiendo al propósito común de crear una patria soberana, equitativa. Hubo quienes le hicieron el juego a los realistas y obnubilación entre los luchadores, que los hizo preterir las enseñanzas de los precursores, sus penalidades y reciente martirio, cuando se imponía la unidad para sellar esa victoria que pudo lograrse entonces.
Montufaristas, unos, liderados por Carlos Montúfar, quien habiendo luchado contra Napoleón había venido de España como Comisionado Regio para pacificar los ánimos, contemporizaron con el traidor Ruiz de Castilla, a quien nombraron presidente de la segunda Junta de Gobierno. Un gran patriota, el sacerdote Miguel Antonio Rodríguez, lo arengó a ejercer de Comandante del ejército patriota dejando su título de Comisionado. Así lo hizo.
Sanchistas eran los radicales seguidores de Jacinto Sánchez de Orellana; querían una patria libre y soberana, sin sometimiento al Consejo de Regencia ni a Fernando VII; entre ellos se encontraban egregios patriotas como Antonio Ante, Francisco Calderón, padre de Abdón, y otros.
Divididos llegaron al Congreso Constituyente del 11 de diciembre de 1811 que declaró la Independencia del Consejo de Regencia, y el 15 de febrero de 1812 proclamó la primera Constitución de Ecuador. Decreto de Oro llamó Celiano Monge al “Pacto solemne de Sociedad y Unión entre Provincias que forman el Estado de Quito” que se firmó. Fue la primera Constitución en América española, que se adelantó inclusive a la de las Cortes de Cádiz del 19 de marzo de 1812, manteniendo a Quito como Luz de América.
Pero se ahondó la división que llevó a los patriotas a un “nuevo 2 de agosto”, fusilados muchos por el implacable Sámano a órdenes del presidente Toribio Montes, si bien fueron semilla de nuevos luchadores que obtuvieron la victoria final diez años más tarde.
Hoy el país se encuentra profundamente dividido. La extrema izquierda hace causa común con la extrema derecha. Es urgente una concertación nacional que dé espacio al diálogo, a la autocrítica, a los consensos para un propósito común que conduzca a las reformas radicales que exige la justicia social. La opción por los más pobres consolidará el cambio.
Deponer los odios fue necesario para lograr la Independencia.
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