Límites a la inteligencia artificial
Hace pocos días las empresas creadoras y manipuladoras de la inteligencia artificial y su religión, plantearon un acuerdo para detener temporalmente su desarrollo por los “riesgos” potenciales, debido a que los laboratorios y las mentes digitales están fuera de control, sin que se las pueda entender, predecir o controlar de manera confiable (CNN).
Esta amenaza ya tuvo el eco en organismos multilaterales como la UNESCO, que recogió en 2021 el pronunciamiento de países miembros para poner límites a los riesgos de la inteligencia artificial. El documento define a la IA como “el tipo de procesamiento basado en algoritmos informáticos que puede desarrollar una máquina computacional, mediante un tipo de imitación electrónica de las funciones cognitivas humanas como percibir, razonar, aprender y resolver problemas”. Es decir, una entidad artificial que puede reproducir todas las capacidades humanas, dejando de ser instrumentos, para pasar a ser entes dominadores.
En su célebre libro de historia, “De animales a dioses”, Noah Harari titula a uno de sus capítulos: “El final del homo sapiens”. En el acápite explica el punto en que se encuentra la humanidad con respecto al desarrollo tecnológico y plantea la siguiente pregunta: “¿en qué deseamos convertirnos?” y que más queremos como animales movidos por la pulsión del deseo.
Quienes desarrollan corporativamente la inteligencia artificial lo hacen, creo, por dos razones de tipo religiosas: tienen una fe dogmática en la inteligencia artificial y en el dinero. El desarrollo tecnológico avanza con fines de poder y acumulación de capital. Actualmente enfrentan, con seguridad, alguna contradicción económica, típica del sistema, razón por la que necesitarían regularla en su beneficio.
El proyecto humanista y humanizante, propio de nuestra especie, está siendo destruido al punto de poner en riesgo la existencia de toda forma de vida natural y social en la tierra. Los que creen en la felicidad de la acumulación, también serían barridos, a no ser que las máquinas suplan a los consumidores.
Aún no creo que la inteligencia artificial acabará con la vida orgánica, debido a que las máquinas siempre serán físicas y todo lo físico tiene su límite. Por lo demás, una máquina jamás podrá escribir “Cien años de soledad” ni amar al prójimo. Estoy contra el desarrollo tecnológico ilimitado y deshumanizante.
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