Libia: atraco y genocidio
Las “momias cocteleras” que tradicionalmente han calentado los sillones de nuestra diplomacia se lanzan furibundas, en amoroso coro con los políticos y periodistas que les sirven los cocteles, contra todo aquel que en nuestro país condena el criminal asalto de Libia practicado por la OTAN bajo las órdenes de Washington. El pretexto es conocido: defender la vida y los derechos de los libios martirizados por ese monstruo de monstruos llamado Muamar el Gadafi.
Lo que estas y los fabricantes de momias diplomáticas (USA, la partidocracia) ocultan, son las cinco razones verdaderas para el asalto de Libia, uno de los capítulos más tenebrosos en la historia de las guerras imperialistas de Estados Unidos y de la culta Europa. He aquí un resumen de las cinco:
Primera razón: El petróleo de Libia, país que posee la reserva más importante de África, calculada en 49 mil millones de barriles de alta calidad (dulce, ligero, de fácil procesamiento), del que se provee Europa y que el mundo capitalista lo quiere más barato, para lo cual precisa romper con la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), de la que Libia es parte fundamental.
Segunda razón: Las reservas de oro, que actualmente se explotan en baja escala y que se calculan en más de seis mil millones de dólares, mientras el precio del oro sube cada día conforme cae el valor del papel moneda, dada la imparable crisis del capitalismo, que ha convertido a Estados Unidos en mendigo universal que gimotea pidiendo caridad a la odiada China comunista.
Tercera razón: El mar de agua dulce que duerme en las profundidades del desierto libio y que Gadafi utilizara mediante grandes pozos para llevar el líquido a su país sediento a través de miles de kilómetros de tubería. Monopolios gigantes, como la Coca Cola, buscan apoderarse de las fuentes de agua en el mundo entero.
Cuarta razón: Los enormes depósitos monetarios del Estado libio (no de Gadafi) colocados en la banca europea y norteamericana, sobre los que hay estimaciones de 200 mil millones de dólares, un monto apetitoso para el capitalismo en crisis y del que ya se han arrancado más de 15 mil millones para pagar armas y vituallas compradas en Occidente, y sueldos de burócratas y mercenarios contratados por los invasores.
Quinta razón: Los planes del Pentágono para establecer en Libia el Comando general para toda África, similar al Comando del Pacífico Sur que funcionó en Panamá hasta que lo expulsó el general Omar Torrijos, y que fue una enorme fábrica de dictaduras militares, escuadrones de la muerte, espías y torturadores destinados a la humillada y sometida América Latina.
Estas son, pues, las cinco razones de fondo para el asalto a Libia, donde la OTAN se enorgullece de haber efectuado 7.500 bombardeos contra militares y civiles, destruyendo un país que tiene apenas seis millones de habitantes, es decir, una población que cabría toda en la tercera parte de Nueva York. Un gran coctel de sangre para reanimar al capitalismo enfermo y endulzar el paladar de toda clase de “momias cocteleras”.
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