La pandemIA de la soledad
Vamos al grano. ¿Se sienten solos?, ¿sienten que no importan?, ¿callan problemas que les carcomen por dentro? Y... ¿se han sentido alguna vez “apreciados” por ChatGPT? Pues si es así, les cuento que no son los únicos. Somos parte de los millones de personas que vivimos esta pandemIA silenciosa de la soledad.
Partamos desde la pandemia de covid-19, un catalizador que dejó al descubierto inequidades estructurales y nos mostró cuán rota estaba ya nuestra sociedad. Lo que quizá todavía no vemos con suficiente claridad es que esa herida no desapareció. Mutó. Y hoy encuentra en ciertas inteligencias artificiales un parche seductor, rentable y peligrosamente convincente.
La Organización Mundial de la Salud ya elevó la soledad y el aislamiento social al rango de prioridad global de salud pública. No es poca cosa. Es un problema que atraviesan una de cada seis personas en el mundo. Paradójicamente, en estos días de vida acelerada e hiperconectividad, los humanos nos sentimos solos. Y, justo ahí apareció una droga inesperada. El uso afectivo de las IAs.
¿Sabían que ya es un negociazo para gigantes tecnológicos vender experiencias de compañía artificial, incluso con modos de pareja virtual? Eso no nació de la nada. Nació porque los seres humanos no solo buscamos un asistente todoconocedor. Buscamos alguien que nos escuche, que nos responda con calidez y, ante todo, que nos haga sentir vistos. El problema es justo el que se imaginan. Cuando usamos una IA como sustituto afectivo, la tecnología no cura la soledad. La revela, la sostiene y hasta la monetiza.
Las IAs ya marcaron un antes y un después en cómo buscamos, ordenamos y producimos información. Pero también, inesperadamente, en cómo hablamos, imaginamos y nos relacionamos. Muchísima gente ya no entra solo a pedir datos o corregir textos. Entra a desahogarse, pedir consejo, ordenar su cabeza o sentirse acompañada por una voz que jamás se cansa y nunca juzga.
Y ahí está el riesgo. No porque la IA sea malvada, sino porque es cómoda. Nos da alivio, validación y falsa compañía. Si normalizamos esa dependencia, confundiremos herramienta con vínculo. Y no. Ninguna IA reemplaza afecto real.
Panas, ustedes son especiales. Ánimo en todo lo que hacen y callan. Atrévanse a organizar ese cafecito pendiente. Abrirse con alguien de confianza es valentía. Y, si hace falta, buscar ayuda profesional lo es aún más. En esta realidad construida a base de apariencias y mentiras, una de las pocas verdades es que: ustedes sí importan.
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