La encrucijada de 2025: ¿liderar para ganar o para trascender?
Con el paso del tiempo, la política y su ejercicio han cambiado, la dinámica social tiene otras formas para el mismo fondo. Las grandes masas, hoy mucho más informadas por el ilimitado acceso a diversas fuentes -lo cual es bueno y malo a la vez- exigen lideres solventes y con carácter, la gente quiere ejemplos a seguir y no mafiosos que defender.
No cabe inventar o forjar personajes y superhéroes, los valores y cualidades siempre han estado ahí, aplicarlos en la realidad es el reto de quienes corren por el poder, son ellos los que deben diferenciar sus pretensiones y sincerar sus comportamientos, solo así podrán generar la confianza requerida para marcar la papeleta electoral a su favor.
El vacío de liderazgo según el cientista social Luis Verdesoto Custode, responde a una “crisis de representación e intermediación de la demanda social, ligada al bajo nivel de legitimidad y aceptación que, solo puede solucionarse con la construcción de instancias que discutan la idea de nación y convivencia en conjunto” y lleva razón, pues a muchos dirigentes les cuesta dejar la mezquindad de los intereses partidistas y pensar en una agenda integral de país.
El líder mesiánico que prohíbe y se impone a gritos, reprende en público y ofrece sin cesar, para luego robar y huir, tiene que dar con sus huesos, primero en la cárcel y luego en el basurero de la historia. La gente busca lideres que sepan decidir y delegar con firmeza, que tengan un concepto claro de crecimiento humano y desarrollo económico, que manejen las categorías de cultura, tradición e innovación sin prescindir de ninguna de ellas, que cuenten con sentido de Patria y responsabilidad social.
Debe entenderse el liderazgo como un proceso de transformación, el líder debe tener visión estratégica, asumir riesgos, actuar con certeza, prudencia y sensatez, fijándose como objetivo llegar a donde otros nunca se atrevieron.
Para ello, los candidatos deben replantear sus apariciones y publicar los nombres de quienes conformarían sus equipos de trabajo, al menos en las áreas sensibles. La solución a los graves problemas del país, no se encuentra en el tik tok, ni en frases curiosas y juegos simplones de palabras, peor en el color de los zapatos y las gafas, el votante exige ideas concretas, simples y ejecutables.
Comer en los mercados, bailar reggaeton o salsa choque, hacerse los graciosos, abrazar niños y viejos, ponerse ponchos o sombreros de paja toquilla o algo peor, ofrecer la libertad a corruptos sentenciados y prófugos, no puede ser argumento para llegar y está claro que, jamás lo será para gobernar.
El desafío, entonces, radica en restaurar la decencia política como un estándar inquebrantable, para ello se requiere de líderes dispuestos a actuar como ejemplos morales y ciudadanos vigilantes que exijan rectitud, solo así podremos rescatar el ideal aristotélico de la política como el arte de procurar el bien común.
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