Gobiernos de izquierda (III)
Entre 1948 y 1979 se sucedieron en Ecuador tres ciclos políticos. Durante el primero (1948-1960) gobernaron Galo Plaza, José María Velasco Ibarra y Camilo Ponce. El segundo (1960-1972) transcurrió bajo una crisis institucional, con 7 gobiernos: Velasco Ibarra, Carlos Julio Arosemena, Junta Militar, Clemente Yerovi, Otto Arosemena y Velasco Ibarra, presidente constitucional y desde 1970 dictador. Y el tercero (1972-1979) tuvo 2 dictaduras militares: Guillermo Rodríguez L. y el Consejo Supremo de Gobierno.
Ninguno de esos 12 gobiernos fue de “izquierda”. Pero hubo hechos llamativos: Galo Plaza inició un tibio modelo “desarrollista”; la Junta Militar consolidó el desarrollismo con la política de “cambios de estructura”, que destacó el intervencionismo estatal, el fomento industrial y particularmente la reforma agraria; y las dictaduras
“petroleras” de los setenta afirmaron el modelo estatal nacionalista desarrollista.
Ese conjunto de políticas sucedidas en el largo plazo, en las que el papel del Estado fue fundamental, transformó al viejo país oligárquico-terrateniente. Por eso, las mayores resistencias siempre provinieron de los hacendados, los tradicionales empresarios rentistas y las derechas políticas. No hay duda de que la Revolución
Cubana (1959) determinó, en mucho, el programa “desarrollista” norteamericano de la Alianza para el Progreso, con el que se inspiró la Junta Militar (1963), represora y anticomunista. Pero el “tercermundismo” y el nacionalismo caracterizaron la dictadura rodriguista, colocada a la “izquierda” de las oligarquías ecuatorianas y alejada del autoritarismo fascista militar del Cono Sur latinoamericano de la misma época.
Pero a partir de la Revolución Cubana, en los sesenta y setenta, la izquierda ecuatoriana se multiplicó en partidos, movimientos, grupos y grupúsculos, que no solo reivindicaron para sí la pureza doctrinaria del marxismo, sino la “verdadera” línea socialista.
El dogmático “purismo” siempre resultó fatal para las múltiples “izquierdas”. A las divisiones doctrinarias se unieron dos elementos: la dependencia ideológica de los vaivenes del socialismo mundial (chinos, “cabezones”, cubanófilos, albaneses, etc.) y la actitud política frente a la “democracia burguesa”, pues mientras algunos sectores no dudaron en participar en procesos electorales, los radicales y ultraizquierdistas nunca quisieron caer en la “trampa” electoralista, pues la “revolución” era el todo o nada.
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