Emprendedor o simplemente novelero
Las personas comunes y corrientes estamos bombardeadas por la gran popularidad del emprendimiento como una forma de que nuestros jóvenes salgan de la pobreza y tengan alguna propuesta en su vida de educación y empleo y no la terrible realidad de la delincuencia, el narcotráfico y aun el terrorismo.
De alguna manera en el país se está superando el tema de la educación y cada vez más muchachos alcanzan un nivel superior; sin embargo enfrentan la triste realidad y la frustración de la falta de empleo. Y la alternativa de migrar a países más desarrollados se vuelve menos atractiva, precisamente porque este problema es mundial y Ecuador se ha convertido en destino de migrantes de muchos países que a su vez poseen buena educación (hay de todo), pero que compiten con nuestra gente aquí y en todos los destinos.
De una manera u otra, todos los países están poniendo barreras para la migración, siendo un mal ejemplo Estados Unidos y varios países europeos. Surge entonces como solución el tratar de que esta fuerza laboral desempleada se transforme en prósperos emprendedores y le hemos metido mucho el hombro a este empeño, siendo Ecuador uno de los países con mayor índice de emprendimiento. Sin embargo, la situación no ha cambiado desde hace muchos años: hay muchos emprendedores cuyas ideas de negocios duran muy poco y la tasa de fracaso es bastante alta.
¿Qué tenemos entonces? Emprendedores o noveleros. Y es que el emprendimiento puede ser conceptualizado en una forma muy general y ahí todos los seres humanos somos emprendedores. Pero la realidad es que el exitoso emprendimiento necesita, además de las competencias naturales, una alta dosis de creatividad. Definimos creatividad como la “adecuada novedad”, en donde para ser adecuado debe ser realista y novedoso significa que en el entorno en que nos desarrollamos, nadie lo haya concebido aún.
Y aquí fallamos, pues el proceso creativo que va desde la primera idea hasta el producto final, es un proceso largo y muy iterativo (muchas pruebas y errores); demanda de mucho refinamiento de la idea inicial, bastante sudor y sangre, lágrimas y años de dedicación. No es, pues, un paliativo, sino una solución que necesita un cambio cultural. (O)
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