¿El nuevo aeropuerto... es el último?
El aeropuerto está ahí y estamos obligados a usarlo, sea que nos guste o incomode. Claro que en otros países primero ponen expeditas las vías de acceso, toda vez que los conceptos de lo que es un aeropuerto han cambiado dramáticamente.
Hasta hace unos años simplemente eran sitios de embarque, con espacios mínimos para acompañantes y se daba más prioridad a la carga. Con el aparecimiento del terrorismo se los transformó en fortalezas donde se aplican las últimas tecnologías en seguridad, que mientras más invasivas a la intimidad, más usadas.
Tanta gente que espera y se desespera tiene que comer y beber, así que el aeropuerto pasó a convertirse en un patio de comidas con restaurantes y bares donde aplacar los nervios. Y dado que los apurados siempre olvidan comprar un recuerdo para la familia o la novia se han convertido en supermercados de “suvenires”.
Los productos encarecidos por los impuestos, al estar en zonas francas, se liberan de ellos y sus precios son muy atractivos, por ello el alcohol y el tabaco abundan, pero también la tecnología. Licores, embutidos, comida empacada en pequeñas presentaciones o chocolates son los productos más vendidos. Dado que los aeropuertos marcan la primera impresión de un país, fueron presa de las empresas de mercadeo que los llenaron de anuncios publicitarios pagados.
Puede no sonar muy romántico –mi amor te invito a dar un paseo por el aeropuerto- pero sucede. Estas moles provistas de patios de comidas, abundantes almacenes, ambiente climatizado y relativa seguridad, se están convirtiendo en sitios turísticos y si a ello sumamos la presencia de hoteles por horas dentro de sus instalaciones ya vemos por qué invitan al amor.
Pero los aeropuertos son realmente el principal mecanismo para el crecimiento económico de un país, no solo de su turismo. Las ciudades turísticas necesitan un aeropuerto internacional, caso contrario la mayoría de sus esfuerzos se ahogan en el cuello de botella que es la accesibilidad.
El nuevo aeropuerto de Quito no es la panacea para que crezca el turismo receptivo en Ecuador, ni siquiera el emisivo, más de la mitad de la población tiene más cercano el aeropuerto de Guayaquil y dadas las limitaciones actuales preferiré embarcar ahí, pero el punto es que necesitamos más aeropuertos internacionales, talvez tres y por lo menos un mega aeropuerto que nos permita disputar a Bogotá y Lima la distribución y el acelerado crecimiento del tráfico internacional, lo que sería un detonante para nuestro crecimiento turístico y económico.
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