Día de las Religiones
El tercer domingo de enero se lo ha denominado el Día de las Religiones para que nos acordemos de que, en nuestro planeta, hay tal vez un centenar de religiones diferentes. Siempre los pueblos han buscado a Dios y han querido honrarlo. Y Dios responde a quienes lo buscan y quieren expresar su sed de espiritualidad, mística y sentido de trascendencia.
A los cristianos, el Concilio Vaticano 2° nos abrió a las demás religiones. A esa gran reunión convocada por el papa Juan 23 hace 50 años vinieron obispos de todo el mundo para actualizar la Iglesia, sus creencias y sus instituciones. En cuanto a las religiones, nos despejó la mente porque afirmó que en todas las religiones hay verdades y que en ninguna cabe toda la Verdad de Dios ni su Belleza ni su Amor.
El Concilio superó el exclusivismo secular de que “fuera de la Iglesia no hay salvación”, haciéndonos ver que el Reino anunciado e inaugurado por Jesús es más grande que la Iglesia, se construye también fuera de ella y que ella misma está a su servicio: de allí viene la nueva expresión: “fuera del Reino no hay salvación”. Monseñor Óscar Romero, asesinado en San Salvador, llegó a decir que “fuera de los pobres no hay salvación”… Así se nos ensanchó el horizonte de la religión.
El mismo Jesús tuvo, en ese sentido, actitudes muy abiertas con personas consideradas paganas por la religión judía: una mujer samaritana, un centurión romano, una mujer extranjera… Igual los apóstoles después de él.
Estos ejemplos nos exigen valorar a todas las religiones que llaman a Dios de otra manera que nosotros. Cada una tiene una revelación particular de Él que nos permite enriquecernos en fe, fraternidad, justicia… Aquí en Ecuador tenemos mucho que aprender de nuestros hermanos indígenas y negros. Todavía a nosotros los cristianos nos hace falta confirmar los caminos abiertos por el Concilio. La Iglesia de los Pobres y la Teología de la Liberación nos acompañan en estos desafíos de hoy, en particular sobre los del pluralismo religioso y la interculturalidad.
Unos años después del Concilio, el papa Pablo 6° escribió que “el Reino es lo único absoluto” y que “la Iglesia tiene el deber de anunciar la liberación de millones de seres humanos…, el deber de ayudar a que nazca esta liberación, de dar testimonio de la misma y de hacer que sea total”. Ayudémonos entre los creyentes de todas las religiones: nadie es inútil, ya que “muchas gentes pequeñas, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, está cambiando el mundo”.
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