Ciencia y libertad de opinión
Escribir en un medio público trae interesantes consecuencias. Recibo mensajes y e-mails a favor y en contra de las opiniones. Unos halagadores, otros críticos y hasta hay los agresivos. Estos últimos, escritos en tono censurador y descalificador, no presentan argumentos y lejos de fundamentarse en la academia, se centran en el combate superfluo.
Hay comentarios que compartiendo la opinión vertida, cuestionan que escriba para un medio “gubernamental”, como si este solo hecho convirtiera las ideas en “argumentos tendenciosos”. Este elemental razonamiento refleja que ni siquiera entienden lo que es un medio público.
Me exhortan a que solo hable de ciencia, que sea neutral y frío en mis apreciaciones, que me ciña estrictamente a lo técnico. Lastimosamente no puedo. La ciencia no es neutral. La ciencia, al develar la verdad, por sí misma opina. La ciencia rompe tradicionalismos, destruye mitos, abre la mente, concientiza en derechos, encamina acciones sociales e individuales, cuestiona ideologías, religiones, dioses, no acepta lo absoluto, combate desigualdades y plantea soluciones.
La ciencia fundamenta la realidad, le proporciona lógica a la naturaleza, racionalidad a los fenómenos. La ciencia, al estar abierta al conocimiento progresivamente complejo y cambiante, evoluciona, es dinámica y cada día tiene algo que aportar que merece ser difundido. La ciencia, al entender los procesos históricos y sociales, no puede ser neutral ante la injusticia, la inequidad, la pobreza o la violencia. Cierto que algunos científicos, la minoría, prestan servicio a la muerte, a la tortura, diseñan armas químicas, nucleares o biológicas, convirtiéndose en los más peligrosos; a ellos también hay que denunciarlos.
Pretender combatir las opiniones porque estas se expresen en un periódico “gobiernista” o “público”, no es ingenuo ni inocente, en el fondo es “pedirte” que no te expreses, no opines, no aclares, no razones, no hables, porque nos molesta. Quienes así razonan, promueven y defienden su libertad de opinión, pero se incomodan cuando se sienten afectados con una opinión académica.
He escrito en varios periódicos ecuatorianos, incluso en alguno extranjero. Tarde o temprano me separé de ellos porque mis artículos eran “editados” o “corregidos” suprimiendo sus partes no neutrales o no técnicas y quitándoles su esencia. En este periódico público he encontrado el espacio para expresar, aceptando la responsabilidad ulterior, lo que a los medios tradicionales, independientes y ahora defensores de la libertad de expresión o de opinión no les pareció publicable, en su momento.
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