Asilo y su manejo perverso
Después del célebre caso del político peruano Víctor Haya de la Torre, que se asiló en la Embajada de Colombia en Lima y que perduró por varios años en conflicto continental, el tema de este recurso que se invoca en defensa del derecho humano a la vida, cuando está en riesgo de perderse, las variantes se han orientado casi siempre hacia el campo político.
Hasta un tiempo atrás se daba asilo por delitos comunes y luego se transformó como beneficio para los delitos o persecuciones políticas.
Si algún país manipuló el tema de los asilos políticos, haciendo abstracción de los delitos comunes, fue Estados Unidos, con la especial dedicatoria de perturbar a la Revolución Cubana: llegaron hasta a expedir la “Ley de Ajuste Cubano” para otorgar asilo inmediato, sin preguntar cómo, cuándo y dónde, a todo desertor o “gusano” que apareciera por la Florida para darle protección documentada, incluyendo un bono de beneficencia.
Esta protección, que no ha beneficiado a ningún otro latinoamericano (excepto cuando se trata de banqueros delincuentes o de torturadores de las dictaduras patrocinadas por la CIA), pone en evidencia el contenido perverso de la política de esa gran potencia.
La Florida se convirtió en guarida para los asilados que salían de Cuba, unos en desacuerdo con la revolución de los barbudos de la Sierra Maestra y otros porque habían cometido toda clase de fechorías sin beneficio de inventario.
Con respaldo de la CIA, esos asilados organizaban la invasión por Bahía de Cochinos; también atentados terroristas para perjudicar a su propio pueblo y por Miami transitaban libremente especímenes como Posada Carriles, que hizo estallar un avión lleno de deportistas que viajaban de Barbados a La Habana; y los vuelos de avionetas provocadoras de los llamados “Hermanos al Rescate”.
Fue para prevenir esas acciones terroristas que varios jóvenes cubanos decidieron radicarse en la Florida y cinco de ellos apresados, acusados falsamente de espías contra los Estados Unidos, cuando fue evidente que trataban de impedir esos ataques a mansalva.
Como dice la canción española de la guerra civil, se está dando vuelta a la tortilla, y ahora le toca a EE.UU. soportar que ciudadanos propios y ajenos (vinculados a su enfermedad del espionaje) soliciten asilo, nada menos que a un pequeño país, gobernado por una Revolución Ciudadana, que mantiene principios éticos y firmes como para defender la vida humana.
País convertido en el refugio del continente para los que huyen de la violencia, recibidos con la autoridad moral que ese proceso nos otorga, agregados a los que, a su tiempo, huían del Chile de Pinochet y de las dictaduras de la Operación Cóndor; país del asilo que hoy con orgullo se lo identifica como una patria libre y soberana.
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