Ecuador / Viernes, 13 Febrero 2026

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¿La fecha de caducidad de los partidos venció?

La realidad sobrepasa lo que ciertos académicos y analistas exponen en sus muy sesudas conferencias, entrevistas y escritos: los partidos políticos no existen para la gente, no convocan, no disciplinan a nadie ni provocan militancia.

De ahí que exigir la existencia de un partido como factor determinante de la democracia es pedir peras al olmo. Lo podrán decir los manuales y los tratados políticos liberales más gruesos, pero en la práctica lo que funciona y tiene un vigor inusitado es el activismo y la militancia en redes. Lo ocurrido con la agrupación Podemos, en España, es una prueba más de esta realidad.

Y esto se explica por la conducta política de la sociedad: no acepta jerarquías con facilidad, se comunica en tiempo real con sus comunidades, opina y toma posturas sin intermediarios, moviliza sus ideas desde la individualidad y construye ciudadanía en cada coyuntura, sus ciclos políticos son más cortos e intensos. Los partidos son todo lo contrario y necesitan una estructura pesada para su supervivencia. Incluso su acción territorial es imposible por la lógica política que adquieren las ciudades: un partido de la capital no es el mismo en la localidad. Aunque sostenga sus principios, la vida local es otra, así como las comunidades con las que se relaciona.

La cultura digital se impone con muchísima más velocidad que los manuales y estatutos. Y eso deriva en otras dinámicas, que para el caso de las últimas elecciones europeas Podemos logró procesar. Por eso obtuvo el éxito inesperado para los tradicionales analistas y modelos electorales.

De ahí que exigir a Ecuador la existencia de un partido político es casi imposible. Y eso ni afecta a la democracia ni la mejora. Mucho más cuando todos esos analistas se concentran en PAIS. Habría que pensar más bien en una organización con principios y postulados de partido, pero con prácticas, vida orgánica y movilización social en redes. De hecho ya ocurre, pero en contradicción con un modelo que ya venció en su fecha de caducidad. Y de eso, por supuesto, derivan otras responsabilidades y problemas, como son la participación, la toma de decisiones y hasta la reelección indefinida.

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