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Eloy Alfaro en la Revolución Ciudadana
Con motivo del centenario del asesinato de Eloy Alfaro, la oposición ha desinformado, torcido la historia y criticado al Gobierno. Buscaron un tataranieto, que declaró que la Revolución Ciudadana está alejada del ideario del caudillo. Tantas barbaridades que han escrito y dicho.
La verdad es que el Gobierno es bolivariano y alfarista, y su práctica se vio desde el primer momento, cuando consulta al pueblo sobre la convocatoria a la Constituyente y esta se realiza en la tierra de Alfaro, a donde -además- se llevó parte de sus cenizas.
La Constitución aprobada por el pueblo separa a la banca y gran empresa del Estado y recupera lo público, como práctica alfarista, que en su tiempo separó la Iglesia del Estado. En uno y otro caso se proclama el Estado laico y democrático.
El Gobierno ha ampliado derechos ciudadanos, laborales y de las minorías étnicas, eliminó la tercerización y obligó a la afiliación al IESS de todos los trabajadores. Alfaro buscó redimir a los indios y los liberó de las cadenas de la servidumbre y el concertaje. Rafael Correa se comprometió con la Revolución Agraria, en homenaje a Alfaro y por necesidad histórica.
La gran obra de infraestructura, sobre todo en vialidad, energía y petróleo, de gran impacto económico, fortalece la unidad nacional, comparable con la construcción del FFCC de Alfaro. El manejo soberano de la economía, sin el tutelaje del FMI y la política soberana frente a la deuda, tiene el precedente de la suspensión de su pago en 1986.
La política exterior responde al interés nacional y es solidaria con América Latina y el Tercer Mundo, como Alfaro la practicó, favoreciendo la lucha anticolonial. La incorporación de Ecuador a la ALBA es similar a la demanda de independencia de Cuba que impulsó el “Viejo Luchador”.
En otro ámbito, la oposición extrema de hoy, asociada al Imperio y a propietarios de grandes medios y banca, es comparable a la fanática reaccionaria contra Alfaro, que programó su asesinato. A Alfaro lo derrocaron, a Correa intentaron hacerlo el 30-S.
Por cierto, hay diferencias históricas en tiempos y personajes, en sus estilos. Alfaro triunfa en los campos de batalla, con gran apoyo popular, después de muchas derrotas, exilios y sufrimientos. El pueblo lo proclamó más de una vez su Jefe Supremo. Combate en el terreno militar, fiel a su visión de que la libertad no se implora de rodillas, se la conquista en los campos de batalla. Rafael Correa gana una tras otra las elecciones y el pueblo respalda la Revolución Ciudadana, en clara vocación pacífica. Recoge los objetivos de lucha de todos los tiempos y el ideario de democracia y libertad de Alfaro.
Uno y otro líder son democracia, internacionalismo, humanismo, soberanía y pueblo.
Que sufran los detractores y traidores. La mayoría está con la Revolución Ciudadana, para largo.