El pensamiento lateral: un ejercicio incómodo
Hace un tiempo llegó a Quito el Dr. Edward De Bono, autor de varias obras, entre ellas “El pensamiento lateral” y “Los sombreros de De Bono”. El auditorio de Ciespal estuvo lleno cuando De Bono tomó la palabra e hizo algunas propuestas “incómodas”.
El hecho es que la sociedad contemporánea responde a paradigmas que promueven el pensamiento oficial que, en la práctica, significa la repetición, copia falsa de conceptos o puntos de vista. Lo mismo sucede con la cultura, la educación, la política, la economía y todas las formas de organización social. El paradigma “reproduccionista” está instalado en un modelo de pensamiento, que impide o retarda cualquier tipo de transformación. Todo pasa por la mente y las visiones que, a través de las estructuras cognitivas, configuran actitudes y comportamientos admitidos por el colectivo.
El pensamiento divergente o pensamiento lateral, según Edward De Bono, fundamenta el cambio, la creatividad y la búsqueda de causas y efectos de los fenómenos, y sobretodo visiones diferentes. Los expertos afirman que los seres humanos utilizamos apenas un 5% de nuestras neuronas. De ser así necesitaríamos no solo empeños sino estrategias para desarrollar el pensamiento divergente, que nos ayude a llegar “hasta el nivel de nuestra incompetencia”.
En las siguientes líneas ejemplos de pensamiento lateral, que deberían ser tomados en cuenta, aunque en casos podrían considerarse como verdades de Perogrullo:
. Está vigente la constitución de 2008 con sus reformas. La banda presidencial así lo recuerda: “Mi poder en la constitución”. Esta constitución –nos guste o no- no es de corte liberal.
. Art. 1 de la mencionada constitución dice que “El Ecuador es un Estado constitucional, social y democrático de derechos y justicia, soberano, independiente, unitario, intercultural, plurinacional y laico.”
. ¿Si el Estado ecuatoriano es laico –de mayoría católica- no se explica por qué hay tanta corrupción, feminicidios, desigualdad, graves violaciones a la constitución y las leyes, vigencia de los “pecados sociales”, mientras las iglesias guardan silencio? ¿O vivimos una sociedad desquiciada, esquizofrénica, incoherente y fatua?
En estos momentos de cambio que vive nuestro país, el pensamiento lateral debe ser reconocido, como un espacio democrático que permita acuerdos y disensos sobre temas importantes, aunque sea incómodo para quienes manejan intereses antes que principios. La opción es clara: más sobre lo mismo o un cambio responsable.
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