El mar de las disputas
El Mar de China, que se divide en Mar de China Oriental, al norte, y Mar de China Meridional, al sur, es un importante segmento del océano Pacífico. Este mar toca las costas de casi todos los países ribereños de Asia Oriental y del Sudeste Asiático, a saber: China, Japón, Corea, Filipinas, Vietnam, Malasia, Brunei y Camboya.
Haciendo un parangón, así como el Mediterráneo fue siempre el mar más importante, el mar de las confrontaciones entre las naciones europeas, cuando se fue dando forma a la región, con el nacimiento y ascenso de imperios como el romano, entre otros, hoy, al que debemos prestar atención es precisamente al Mar de China.
En el Mar de China Oriental existe un conflicto que tiene como protagonistas a China y a Japón por las islas Diaoyu-Senkaku.
En el Mar de China Meridional, existen disputas territoriales entre China, Filipinas, Vietnam, Brunei y Malasia, por más de 200 pequeñas islas, rocas y arrecifes, que en su mayoría conforman el archipiélago de las islas Paracel y Spratly.
China, que entiende que su mar territorial incluye todas esas islas, como tal trata de ejercer soberanía sobre la zona, desde el punto de vista geopolítico y de explotación de recursos naturales. Este ejercicio de la ‘política exterior’ de China, que no es más que la proyección de su interés nacional, se encuentra de frente con los intereses de Vietnam y Filipinas en esa zona.
Cuando los intereses nacionales se encuentran en la arena internacional, surgen los conflictos entre Estados que demandan una política internacional sensata, para evitar una conflagración de la cual resultemos perjudicados todos los ciudadanos del mundo, pero sobre todo, los que pueblan la región de mayor crecimiento del orbe. China es el principal socio comercial de esos países del Sudeste Asiático, de manera que, bajo esta óptica, tiene mucho que perder.
Por coincidencia o, como ya han señalado algunos analistas, motivados por la reciente visita de Barack Obama a Vietnam y Filipinas, estos pueblos están llevando a cabo movilizaciones en contra de China, que han incluido daños a fábricas chinas en algunas ciudades vietnamitas.
Definitivamente la historia no ha terminado, es más, está ahí para que la consultemos y evitemos repetirla en su parte más horrenda, que son las guerras. Lo que nos enseña la historia, desde las Guerras Púnicas entre romanos y cartagineses, hasta las más recientes, pasando por las dos mundiales, es que los pueblos luchan por recursos, expansionismo, por su propia defensa y que, en muchos casos, se producen en las zonas de mayor crecimiento económico. La historia nos ha enseñado que no hay ganadores en las guerras.
Es tiempo de Asia-Pacífico, por eso ahí también se nos presentará la oportunidad de demostrar que hemos aprendido de la historia y que hemos avanzado en el largo camino hacia la humanización.
Debemos prestar mucha atención a lo que sucede en el Mar de China, ahí está la clave de la paz y la estabilidad mundiales en el futuro.
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