¿Qué tiene Uruguay y no Argentina?
De adolescente solía hastiar a mi padre, español de nacimiento, con la pregunta: “¿Por qué no emigraste a Uruguay en vez de hacerlo a la Argentina? Yo quería ser uruguayo, solo para no tener que cumplir, como lo hice durante el descalabro de Malvinas, el servicio militar. Porque allí, en “el paísito”, nunca fue obligatorio. Esa pregunta recurrente obedecía a que conocía, desde temprano, la idiosincrasia de las Fuerzas Armadas argentinas de aquellos años. Hoy, nueve lustros después, sigo preguntándome casi lo mismo, pero por motivos más importantes, sanitarios y hasta espirituales.
Con una cantidad de habitantes por metro cuadrado mayor que la Argentina (a pesar de la diferencia de tamaño) aquí, padecemos la cuarentena récord con un tufo a represiva y a fracaso que espanta y ellos ya gozan de una actividad normal, después de tener mucho menos casos de covid-19 y apostando a enfrentar el daño con “Libertad y Responsabilidad”, algo de lo que nosotros carecemos en ambos sentidos.
Uruguay sintió como todos, claro, el golpe económico. El desempleo se multiplicó como consecuencia de la pandemia, pero como puede mostrar una clase dirigente con un sentido común que ya no se encuentra en la región (y para muestra ahí está en la oposición José “Pepe” Mujica), ya se pusieron manos a la obra para recuperar la economía y captar a argentinos con cierto poder adquisitivo o bien, cansados del voraz día a día, que desde mucho antes de la pandemia, padecen cientos de miles de vecinos al otro lado del Río de la Plata.
La forma en que enfrento la crisis del covid-19, como una cuestión de Estado, marcó la diferencia con el resto de la región. Ahí están los resultados: es el único país latinoamericano que tiene liberados sus vuelos con Europa y donde la vida ya transcurre normalmente. Un país normal. Consciente de sus dimensiones y de su patrimonio que alguna vez, allá por la primera mitad del siglo XX gozó de tener la mejor educación pública de Latinoamérica (hoy sigue con estándares altos). En un país donde la Iglesia y Estado conviven separados.
Allí todo, hasta las pandemias, se vive con una normalidad que nosotros ni sabemos cómo se come.
Siendo tan rioplatenses, hermanos, tan cercanos y tan parecidos, hay algo que nos distingue. Ellos, los “orientales" hacen hablando bajito, nosotros terminamos por no hacerlo, pero lo explicamos hasta la confusión. Tal vez por eso, en términos futbolísticos, para que quede más claro en las dos orillas y más allá también, Diego Maradona es quién es y el señor Rubén Walter Paz, es…mi ídolo. (O)
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