Una nueva oportunidad
Faltan pocos días para que el Ecuador nuevamente acuda a las urnas y una vez cerrado el plazo para la difusión de encuestas y pronósticos electorales, el nivel de indecisión en la ciudadanía se mantiene alto.
Analistas coinciden en que ello se debe a las particularidades generadas en el proceso electoral actual. La incertidumbre entre los electores se ha profundizado debido al exceso de candidatos, a la falta de organizaciones de alcance nacional, así como al desinterés de la ciudadanía, que ha volcado sus preocupaciones a los temas sanitario y económico.
Este escenario de indecisión política sin duda, es un elemento adicional que incide en el deterioro del sistema político y que demuestra el nivel de desconfianza que los ciudadanos tienen no solamente en las organizaciones políticas, sino en sus autoridades y en las instituciones en general.
En un escenario de dispersión por la alta cantidad de participantes que buscan llegar a Carondelet, se ha posicionado la idea del “voto útil” o la necesidad de no “desperdiciar” el voto en candidatos que carecen de opciones para llegar a la segunda vuelta.
Este tipo de voto busca lograr apoyos para quien tiene opciones de ganar dentro de una tendencia, en vez de votar por el candidato de la preferencia personal. O, al contrario, buscar sumar votos para que otro candidato no gane, opción que se ha dado en algunas ocasiones en el Ecuador.
Frente al retorno y fortalecimiento en el país de un proyecto político de tintes autoritarios, en donde se evidenció una corrupción a niveles descomunales, la idea del voto útil cobra fuerza, ello por el riesgo que podría correr la dolarización y la propia democracia.
El domingo 7 de febrero, la ciudadanía vuelve a las urnas y resulta preocupante el estado de miedo que se ha generado en torno a la pandemia por un lado y de frustración, producto de la corrupción, generada en las últimas décadas y que dejaron al país sin los fondos necesarios para esta emergencia.
En ese sentido, la pandemia debe ser un motivo de peso para ir a votar con responsabilidad, cuidando nuestra salud, pero sobre todo pensando en proteger nuestra ya golpeada democracia, que hoy más que nunca, está al acecho de la amenaza populista, caracterizada por el derroche de recursos y por una falsa ilusión de prosperidad que hoy nos pasa factura.
Dejar de votar por temor al COVID, podría dar paso a la configuración de un escenario político y económico más complejo en el futuro. Dejar de votar podría significar echar por la borda una vez más la opción al progreso.
Cuidado y permitimos que aquel Estado de propaganda regrese con ansias de terminar lo poco de país que nos queda. El domingo 7 de febrero el Ecuador tiene una nueva oportunidad.
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