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El Telégrafo
Rosalía Arteaga Serrano

Sí, es cambio climático

14 de marzo de 2023

Ocurre con frecuencia el escuchar, cuando las temperaturas bajan de forma inusitada o muy severamente, o cuando las lluvias son torrenciales, que la gente duda de temas como el calentamiento global o los cambios en el comportamiento del clima. Y creen en una serie de teorías encaminadas a desvirtuar la evidencia de lo que el accionar del ser humano le está haciendo al planeta.

Esto ocurre en los actuales momentos donde las temperaturas bajas en la sierra ecuatoriana nos han puesto en una especie de congelador nada confortable, y escuchamos cada vez más dudar de aquello que se denomina calentamiento global y que nos dice que la temperatura de la tierra está subiendo, que los polos y los glaciares de deslíen, que la temperatura del mar es más cálida y que también el nivel del mar sube amenazando a los territorios ribereños, a las islas, a las tierras bajas.

Todo esto es real. Sabemos que esos desajustes climáticos son parte del problema, esos cambios bruscos de temperatura, ese aguzarse de los extremos, la presencia de fenómenos continuados y más profundos como los ciclones y huracanes, incluso en lugares que tradicionalmente habían estado exentos de su influencia, son parte de la misma problemática.

Y mientras más pasen los tiempos y tengamos más de esta conflictividad climática, también los problemas humanos seguirán aumentando, conforme se desertifican más territorios, otros se sumergen en los océanos, el agua apta para el consumo humano se contamina o escasea, lo que traerá cada vez más el problema de los refugiados climáticos y más conflictos entre los pueblos por la posesión de las tierras.

Mientras la conciencia global sea tan elástica, se evitan las soluciones que podrían aportar de manera contundente a disminuir el impacto, a sembrar más consciencia de los problemas y a aportar a disminuir los efectos y el impacto de estas mudanzas climáticas.

A cada uno de nosotros le toca una parte de la responsabilidad, que no debe ser diluida en el lugar común de la “tierra de nadie”, sino asumida con total consciencia de lo que esto representa para el presente y el futuro.

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