Punk y machismo
A simple vista parece una contradicción. Los grupos de punk quiteños dedican sus presentaciones a “esas voces que no son escuchadas a pesar de su constante manifestación en un mundo cada vez más violento y consumista”.
Banalidades, máscaras, oportunismos. Y al final, consumismo. Sí, ese consumismo que tanto desprecian y que ahora también se nutre de likes y comentarios lambiscones de fanáticos ciegos y obcecados que degluten publicaciones de sus ídolos de barro sin cuestionarlos ni cuestionarse.
¿Cuestionarse que ese “sistema opresor” contra el que luchan, lo utilizan cuando así les conviene? ¿Para qué y por qué, si, hasta ahora, ha traído reconocimiento, aplausos y satisfacciones? ¿Por qué, en la práctica, no proceder con justicia y derribando el sistema que tanto desprecian? ¿Por qué perpetuar los cánones machistas, patriarcales y misóginos que tanto daño hacen a la sociedad?
Para contestar estas interrogantes, cito la experiencia de una joven punk: “la escena punk quiteña es machista y jerárquica. Las mujeres no tenemos oportunidad de ingresar en ella por nuestros propios méritos. Yo estuve muchos años intentando hacerlo con mis contribuciones artísticas. Sin embargo, siempre fueron despreciadas y minimizadas. En el interior del punk quiteño y en su entramado machista, conservador y apegado al statu quo, las mujeres no tenemos espacio y las que han logrado ser parte de él, a más de su talento, han tenido que sucumbir a estas taras machistas y patriarcales”.
En una escala más oscura, ellos se creen con el derecho de disponer de las mujeres y sus cuerpos como cosas de su propiedad y, entonces, el discurso anti sistema se torna hueco, falso y vacío: son varios los miembros masculinos que han sido acusados públicamente por agredir físicamente a sus parejas o por violentar sexualmente a mujeres.
“Todas mienten, porque están locas, porque son feminazis”, vociferan estos abanderados de la igualdad y la justicia. “Sí, mienten”, repiten sus colegas y los fanáticos ciegos, “mienten porque son arpías ávidas de atención y afecto”.
¿Intentar hacer un ejercicio de mea culpa que cuestione sus privilegios? “¿Para qué?, se responden ellos mismos, “eso es de débiles mentales, alienados y maricas”. (O)
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