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El Telégrafo
Tatiana Hidrovo Quiñónez

La migración judía a Ecuador

20 de septiembre de 2018

El fenómeno de la movilidad humana en el mundo ha sido continuo y recurrente. En el curso de cinco siglos, millones de personas se han movido de un lugar a otro huyendo de guerras, xenofobia y crisis económicas, resultado de las luchas entre grupos de poder por la apropiación del capital. A nuestro suelo llegaron europeos desde la época colonial y tras la independencia inmigraron continuamente comunidades de varias regiones del mundo.

Los estudios históricos han aportado poco sobre el fenómeno de inmigración a Ecuador en el período entre guerras; casi nada se había dicho hasta ahora sobre la llegada de judíos, quienes se vieron obligados a una diáspora, para escapar del nazismo alemán y el fascismo italiano, regímenes que propagaron políticas xenofóbicas y antisemitas, movidos por afanes económicos imperialistas.

Para refrescar la memoria y llenar los vacíos historiográficos llega a nosotros el libro: La migración judía en Ecuador. Ciencias, cultura y exilio (1933-1945), del historiador Daniel Kersffeld, texto que devela dos realidades ausentes en la memoria nacional. La primera se refiere a la formación de una política aperturista ecuatoriana, con visa selectiva, para atraer fuerza de trabajo y capitales con el objetivo de incrementar la producción agrícola. La segunda, evidencia el extraordinario aporte de un grupo de judías y judíos ilustrados que llegaron al país entre 1933 y 1945 e influenciaron de manera determinante en el desarrollo del arte vanguardista, las ciencias físicas, químicas y sociales, desde su condición de profesores e investigadores de varias

universidades, o emprendedores de diferentes industrias, una de ellas LIFE, líder en la producción química-farmacéutica.

A mi juicio, el libro sobre la migración judía a Ecuador tiene tanto el propósito de recuperar una memoria, como el de instalar en la conciencia social la idea de una ciudadanía universal, cuyo principio está enunciado en nuestra Constitución nacional, puesto que también los ecuatorianos hemos sido migrantes.

Cuando se escribe historia se escribe desde un “lugar”, sea académico o sea propio. La obra del profesor Kersffeld muestra un método singular y rigurosidad académica, pero también trasluce la impronta de quien ha sido migrante desde Argentina hacia Ecuador, su segunda patria, donde realiza invalorables aportes en su calidad de historiador. (O)  

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