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El Telégrafo
Fernando López Parra

Formar para gobernar

01 de julio de 2021

La categoría de Administración pública y gobierno, como disciplina científica, ha tenido en Ecuador una historia relativamente reciente, que se puede rastrear hasta los inicios de nuestra vida republicana. Sin embargo, no es posible entender su origen y evolución sin considerar su trayectoria en los países que la vieron nacer y que le dieron el carácter de ciencia que posee hoy en día. Los estudios cameralistas del siglo XVIII en Europa Central (sobre todo en Prusia) y el análisis de la ciencia de la política en Francia fueron, quizá, los inicios de la formalización de dicha materia. Sin embargo, poco más de siglo y medio después, en Estados Unidos surgieron importantes aportaciones que se centraron en el desarrollo de fórmulas y métodos científicos para dar mayor eficiencia y eficacia al funcionamiento del Gobierno.

En el caso de América Latina, la influencia de la diversidad de enfoques ya estructurados se plasma a partir de la Segunda Guerra Mundial con la creación de la Escuela Brasileña de Administración Pública de la Fundación Getulio Vargas (EBAP/FGV), el 15 de abril de 1952, en la ciudad de Río de Janeiro, la cual fue la primera Escuela de Administración Pública en Brasil y América Latina. Esta institución surgió gracias a una asociación entre el Gobierno brasileño y Naciones Unidas para satisfacer la demanda de profesionales calificados en el área pública de la región.

En 1958 la Universidad Central del Ecuador abre la Escuela de Administración Pública, que llega a ser la pionera en la formación en lo que se refiere a gobierno y Administración pública, lo que la constituye en la institución precursora en el país en la capacitación en dicha disciplina. Otro hecho histórico importante es la creación en 1972 del Instituto de Altos Estados Nacionales (IAEN), cuyo objetivo es formar a los servidores públicos a nivel de estudios de posgrado.

La tendencia actual en el mundo del gobierno y de la Administración pública se dirige hacia un mayor compromiso con los resultados, eficiencia y eficacia de las acciones públicas, lo cual requiere de mayor profesionalización del servicio público y de los actores políticos que hacen gobierno. Un Estado ágil, eficiente y orientado al ciudadano necesita profesionales que compartan la ética, los valores y las habilidades de gestión específicas para el sector público. En muchos países, este conocimiento y tecnología no está desarrollada para el contexto de las organizaciones públicas; por lo tanto, corresponde a universidades como el IAEN, en el caso de Ecuador, promover la gestión del conocimiento en gobierno, políticas públicas y gestión pública, así como fomentar alianzas y comunidades de aprendizaje y evaluación comparativa.

Por otro lado, se requiere que los gobernantes hagan el compromiso con el conocimiento y con la ciencia mediante instituciones que le apoyen en su gestión y con las que trabajen en términos profesionales y académicos. El presidente Lasso se comprometió a respetar a las universidades, a diferencia de otros Gobiernos abusivos, lo cual es una buena señal para las instituciones que forman gobernantes y servidores públicos, ya que se coloca por delante a la autonomía para formar con la ciencia y la academia.

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