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El Telégrafo
Mauricio Riofrío Cuadrado

Empatía en tiempos difíciles

12 de junio de 2022

Es conocido que en todos los ámbitos de la vida existen elementos que constituyen un acervo en el que se acumula la formación, la experiencia y la vocación por hacer las cosas bien, correctamente, sin perjudicar a nadie y en beneficio de la mayor cantidad de gente.

El mandato constitucional expresado en el artículo 226, entre otros aspectos establece que los servidores públicos y personas que actúen en virtud de una potestad estatal ejercerán solamente las competencias y facultades que les sean atribuidas en la Constitución y la ley, en buen romance el límite es la ley, para ventaja o fatalidad, sin lugar a interpretación, a excepcionalidades, ni a cuentos.

Así las cosas, el funcionario público debe considerar la legalidad como requisito sine qua non de todas sus actuaciones, sin embargo, hay una circunstancia que debe ser tan indispensable como la norma, me refiero a la diligencia, aquella forma de ver y entender el trabajo como un servicio oportuno, ágil y útil, con actuaciones sinceras, precisas, con sentido de la urgencia, que deben estar revestidas de empatía, que es una característica vital para la burocracia, tanto que, debe ser considerada premisa mayor del servicio público.

Basta del “cuarto de hora de poder” o los “cinco minutos de fama”, es indispensable terminar con la oscuridad y enredo en las gestiones y requisitos, la opacidad genera caos y éste es el caldo de cultivo del abuso y la corrupción, el Ecuador en todos sus estamentos debe ponerle un alto a este tipo de comportamientos. Para combatir estas taras, la simplificación de trámites, la transparencia en los procedimientos deben ser la norma, pero sobre todo y, antes que nada, la formación humana y la empatía de quienes están detrás y frente a los escritorios, tiene que ser el modus operandi y, sin duda, el modus vivendi.   

Las personas que temporalmente ostentan una dignidad o tienen un cargo o encargo en el sector público, parecería que creen -no todos- que el tiempo no corre, que los días no pasan, que el nombramiento es eterno y en esa línea, atropellan o desprecian al ciudadano que los necesita con urgencia, no piensan en que todo lo que sube tiene que bajar algún momento, por lo que hay que “saludar” mientras se sube porque en caso contrario, los “agarrarán bajando”.

En tiempos de violencia y corrupción, de muchas leyes y poca justicia, la empatía de usuarios y funcionarios tendría que ser un bálsamo, para que el ejercicio de derechos y cumplimiento de obligaciones no sea un suplicio.

Ánimo país, que hasta los días más tristes se terminan a las 12…   

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