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El Telégrafo
Simón Valdivieso Vintimilla

El sistema de gobierno...

01 de diciembre de 2023

El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política. Es un pensamiento que lo encuentro rebuscando viejos papeles y creo que calza para el momento, cuando Daniel Noboa asume el poder y se instala en Carondelet.

Cuando electo presidente dijo en su primera intervención, que recibía un país golpeado por la violencia, por la corrupción y el odio. Y ese es el reto que tiene para en tan poco tiempo de gobernanza poder ajustar las palabras a la acción, lo cual no es sencillo ni es asunto de soplar y hacer botellas dice la abuela de la casa, le vienen tiempos difíciles y no se diga cuando las cuentas de las arcas fiscales no están como ha dicho el presidente saliente, y parafraseando a otro expresidente, no es que la mesa quedó servida “para que pueda gobernar de mejor manera”.

El gobierno que estrenamos no debe ser un gobierno de leyes sino de acciones pues los tiempos no le dan para cambiar sino paliar la crisis que la hereda. Esta frase “el gobierno de las acciones y no de las leyes” sugiere un enfoque gubernamental basado en la ejecución de acciones concretas y efectivas en lugar de depender exclusivamente de la legislación para resolver problemas o gestionar situaciones. En esencia, promueve la idea de que la efectividad de un gobierno no solo se mide por la cantidad de leyes que se generan, sino por las acciones tangibles que realiza para abordar las necesidades y desafíos.

Este enfoque destaca la importancia de la implementación de políticas, programas y proyectos que tengan un impacto real y positivo en la vida de las y los ecuatorianos. Sin embargo, es esencial encontrar un equilibrio entre las acciones y las leyes dentro de un marco constitucional. Las leyes son fundamentales, pero la realidad del Ecuador es que abundan, tenemos una maraña legislativa, es decir una hiper inflación de leyes, y de ahí que el presidente, insistimos, en homenaje al tiempo, debe gobernar con acciones.

Si es que el presidente privilegia las acciones sobre las leyes podría enfocarse en la implementación efectiva de políticas existentes, crear otras al son de su proyecto político, mejorar la administración pública, promover la transparencia y la rendición de cuentas, así como desarrollar programas pragmáticos que resuelvan problemas específicos de manera directa y rápida, sin descuidar el marco legal y constitucional que garantiza la justicia, la equidad y el estado de derecho en una sociedad democrática.

Por eso acciones: fuerzas armadas a atacar al sexto poder del estado que es el crimen organizado, pues la normativa existe como es el Decreto 730 y de esa manera se mata dos pájaros de un tiro volviendo seguras las calles y desterrando la violencia carcelaria; pago de la deuda histórica al IESS aunque sea en cómodas cuotas; y, convocar a consulta popular para de esa manera revisar la estructura del Estado heredada de Montecristi la que se he derrumbado; en buen romance, CNE, Consejo de Participación Ciudadana, Consejo de la Judicatura a la casa, amén de la reestructuración de la Función Judicial en la que se incluye fiscalía y defensoría pública, utilizando la vieja formulada política del pasado “Por esta vez”. Y para ir cerrando este diálogo “acciones matan pasiones” y como había dicho Aristóteles, los discursos inspiran menos confianza que las acciones.

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