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El Telégrafo
Efrén Guerrero

El mundo según el rock and roll: todos quieren dominar el mundo

15 de diciembre de 2023

A veces, pequeñas acciones, como el cumplimiento de cierta normativa, pueden colocar a personas inesperadas en lugares inusitados, realizando acciones trascendentales para el destino de la humanidad. Resulta, queridos amigos, que la República del Ecuador ostenta durante este mes la presidencia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Esta rotación, que se lleva a cabo mensualmente entre sus miembros según el orden alfabético en inglés de los nombres de los Estados Miembros, es probablemente uno de los puestos más importantes y discutidos a nivel internacional.

Las razones son diversas: el Consejo es el órgano colegiado más relevante a nivel geoestratégico del sistema de las Naciones Unidas, desempeñando un papel de supervisión en la paz y la concordia entre las naciones de nuestro mundo mediante resoluciones y la capacidad de imponerlas mediante el uso de la fuerza.

Es un cargo de alto perfil dada la multiplicidad de crisis interconectadas a nivel internacional: la invasión en Ucrania se encuentra en un punto muerto, combinando la guerra de trincheras de 1914 con el uso de drones e inteligencia artificial, acompañada de una sangría de personas y recursos que inquieta a los países occidentales que han inyectado grandes cantidades de recursos, frente a una Rusia que ha optado por una estrategia a largo plazo y el agotamiento. En Gaza, la escalada del conflicto palestino-israelí mantiene al mundo en vilo con la amenaza constante de una extensión regional impredecible, dependiendo a mediano plazo de los intercambios de prisioneros a cuentagotas. En el Pacífico, China y Taiwán sostienen un tenso juego que combina las necesidades de expansión territorial, el control del tráfico internacional de mercancías y el comercio mundial de microchips. Todo esto se presenta ante retrasos e indecisiones en la gestión climática, el aumento del descontento, el rechazo a la democracia y las derivas violentas en todo el mundo.

¿Cómo puede enfrentarse un organismo que nació bajo la sombra de la Segunda Guerra Mundial y se construyó en la Guerra Fría a estas amenazas multisectoriales? Lo primero que diría un internacionalista sería a través del diálogo y el compromiso civilizatorio. Sin embargo, la Presidencia de Ecuador se ve confrontada con una de las instituciones más injustas del orden mundial: el poder de veto. El Consejo de Seguridad está compuesto por 15 miembros, de los cuales 5 son permanentes y 10 son elegidos por la Asamblea General por un período de 2 años. De manera democrática, cada miembro del Consejo posee un voto, y las resoluciones se adoptan mediante la aprobación de al menos nueve de los quince miembros. Pero en asuntos sustanciales, se requiere no solo el respaldo de nueve votos afirmativos, sino también la ausencia de votos negativos por parte de los cinco miembros permanentes. Esta regla de unanimidad de las grandes potencias implica que si alguno de los miembros permanentes (Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y la República Popular China) no está de acuerdo con una decisión, puede emitir un voto negativo, bloqueando así la resolución. Esto ha sido la piedra en el zapato para muchas decisiones internacionales importantes. Y aunque pareciera que ha sido patrimonio de Estados Unidos y Rusia, es importante señalar que todos los miembros permanentes han ejercido su poder de veto en algún momento.

Todo esto se conjuga en este período. Esperemos que hasta fin de año no haya una crisis que obligue a Ecuador a convertirse en mediador de grandes conflictos. Que el presidente y el cuerpo diplomático ecuatoriano tengan mucha sabiduría. Mientras tanto, hay Estados y personas que quieren gobernar el mundo. Eso ya lo decía Tears for Fears en "Everybody Wants to Rule the World", canción lanzada en 1985 como parte del álbum "Songs from the Big Chair". Los miembros de la banda, Roland Orzabal y Curt Smith, exploran en las letras el deseo universal de control y poder. La mención de discusiones sobre la Guerra Fría durante la creación de la canción se alinea con las tensiones geopolíticas de esa época. Pero creo que esta versión ya no sirve. Los ochenta se fueron hace mucho tiempo y no nos sobra el optimismo. Yo me quedo con la versión de 3Teeth, una banda estadounidense de metal industrial originaria de Los Ángeles, California. Su música presenta prominentemente ritmos secuenciados, guitarras afinadas a tonos más bajos, muestras y melodías sintéticas. Ahí, las letras optimistas originales se convierten en una reflexión amenazante sobre lo que nos gobierna... y lo que se nos viene. Una versión magníficamente realizada con un toque más siniestro y una naturaleza oscura y sombría. Esto se ajusta mucho más al entorno actual que nunca y probablemente tenga una actitud aún mejor que la versión original.

Así funciona el mundo, el realismo tal y como es. Prepárense, vienen turbulencias. Mientras tanto, creemos en el rock and roll. Nos leemos pronto.

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