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El Telégrafo
Juan Francisco Román

El mercado mal tratado, es un mercado que vende basura

18 de octubre de 2022

La política latinoamericana tiene un discurso eterno, esos que están escritos en piedra, que vende, que alegra, que entretiene, pero que jamás nos ha resultado en algo conveniente y nos ha desterrado de mantener una vida digna, con un mercado competitivo. Son esos gritos y sonrisas blancas que nos están enseñando ahora, buscando al mercado y la empresa como su enemigo más aterrizado.

El discurso cae en una insolencia básica, y por menos decirlo, insultante sobre una mentira que se ha repetido de tal forma que todos creen es verdad: “la gente con plata tiene que pagarnos y devolvernos lo que nos han quitado, el que tiene más, que pague más”, eso alimenta al ego de la venganza, y cambia el paradigma del bienestar social, pues queremos ver al rico pobre, pero nadie habla de hacer a todos legítima y sustentablemente activo en lo financiero, todos deberíamos ser ricos, y nadie debería ser pobre.

El vago siempre elige el camino fácil y nuestra política, tan vaga y poco animosa en la creación de procesos complejos para cambios estructurales elige vender lo más simple, quitar al que hace, para entregar lo que sobra a quién le hace falta. Es decir, la miseria intelectual del político quiere enseñar a pedir y pedir, pero no ha crear y producir, pues en sus manos caerá el dinero y ya sabemos la historia, cogerán la carne para si mismos y el hueso será el premio al desamparado.

Entonces, el mercado reacciona y se adapta a estas circunstancias, pues el discurso del político simplón “que siempre gana las elecciones”, carga de obligaciones salidas de una realidad financiera al mercado, y eso aleja a productos y servicios de alta calidad, pues no hay gente que compre el precio de bien/servicio, más las cargas estatales, más las cargas adicionales como las laborales, pues su producto se vuelve extremadamente costoso, entonces, vienen los productos que emulan calidad, tiene un precio bajo y se venden como calidad media. Es decir, en Ecuador compramos los barato extremadamente caro, y es de ver cuanto cuesta un carro chino y barato en este país.

Estas anomalías, tapadas por el discurso de venganza, afecta al ciudadano común que teniendo un mercado con una oferta paupérrima sobrepaga lo que todo el resto del mundo compra a precio de menudeo, para que se entienda, usted en Ecuador compra tripa a precio de lomo fino, y está feliz en hacerlo, porque eso el único que le han ofrecido.

Pero detrás de esto, hay un grupo de empresarios que así quieren que se mantenga, los que no tienen competencia, los que manejan los hilos, los titanes sin iguales. Aquellos que, a su vez, también caen en la misma vagancia y comodidad, obesos y sobrealimentados, porque nadie está por encima de ellos y los únicos que le haría correr para bajar de precio -peso-, están enjaulados a las afueras de nuestro país por el alto costo de entrar a nuestro mercado gracias a “debemos defender el producto local”, algo que no se defiende, no se financia, y a nadie le importa.

Si algo de sensatez deberíamos tener en este país, es pedir educación financiera básica en todos los niveles desde la pública hasta la privada, pues solo con educación mínima y accesible, podríamos identificar, con solvencia intelectual que ese tipo de discursos solo nos encarecen la vida, reducen los puestos de trabajo y nos mantenemos en un país donde la gallina enferma se vende como la gallina de los huevos de oro.

 Es momento de pedir algo de sensatez a algún político -dudosamente posible- que deje de vender discursos populistas, y nos pongamos a trabajar en un mercado globalmente abierto, sin titanes que nos obliguen a comer las tripas que nos botan en productos y servicios.

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