Culturas europeas y andinas
Aún parece estar en vías de clarificación el mestizaje cultural ecuatoriano y el de la zona andina, alimentado por la cultura europea, con sus diversidades, y por los aportes de las culturas indígenas ancestrales y de los grupos afrodescendientes.
No se puede negar el aporte de la civilización europea a la humanidad, aunque se critique su arrogancia y engreimiento, su equivocación de creer que solo ellos tenían la verdad, que su cultura era la civilización y no era civilizado quien no estaba dentro de sus cánones. ¿Cómo negar los aportes de las creaciones artísticas y el pensamiento filosófico y científico de los ingleses, franceses, alemanes, italianos, españoles y otros?
Las personas connacionales que han permanecido cortos o largos períodos en Francia, España o Inglaterra y en otros países europeos, saben que la cultura es más que las creaciones artísticas y científicas de las élites, expuestas en museos, bibliotecas y otros sitios, pues son los usos y costumbres, los conocimientos y creencias, los sentimientos, la lengua, los valores, con sus significados propios y de raíz histórica, es decir sus conductas entre sí y con los demás.
Si a los andinos el mundo inglés les parece muy distinto, educado, frío, encerrado en sus propias vivencias, y el francés más cercano, poco cortés, más latino y extrovertido, y el español más parecido, casi similar al urbano de acá, con la misma lengua y similares herencias, el denominador común de ellos ha sido considerar a los latinoamericanos desde el hombro para abajo.
La civilización urbana occidental, casi idéntica entre los países, es diferente de la rural andina, plurinacional, de casas y campos en manos y pies de las culturas indígenas. Paisaje diferente al urbano lleno de vehículos en sus calles y almacenes en sus veredas, en donde las nacionalidades blancas y mestizas históricamente dominantes han mantenido el poder.
Entre la cultura europea, venerada como único referente por los criollos, la burguesía republicana y los propios mestizos ya hegemónicos, que se mantuvo hasta la primera mitad del siglo XX, y las culturas ancestrales andinas que apenas hacen su aparición a fines del siglo XX, hay una hibridación o mestizaje no suficientemente estudiado todavía.
La nacionalidad ecuatoriana aún se halla en construcción. Tiene varias vertientes de las cuales se alimenta cada día: la indígena, la mestiza, la blanca, la afrodescendiente. Todas ellas también heterogéneas. De esta riqueza se espera salga, con más claridad y fuerza, la identidad propia nacional ecuatoriana. (O)
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