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El Telégrafo
Mónica Mancero Acosta

No alcanzan los corazones azules

08 de enero de 2020

Quizás cuando se manejen los vehículos de forma autónoma (sin conductores), disminuirán los accidentes de tránsito en el país; hasta tanto deberemos acostumbrarnos a las terribles imágenes en las carreteras de muertos, heridos, fierros retorcidos, lágrimas y dolor. Ahora mismo recibirmos el nuevo año con varios accidentes que han costado la vida a decenas de personas.

El índice de accidentes de tránsito no desciende de forma significativa. Según las estadísticas de la Agencia Nacional de Tránsito, la ciudad con mayor número de muertes es Quito. El peligro se siente en el ambiente; por ejemplo, en la av. Simón Bolívar: quien transita por esa vía sabe que en cualquier momento podría haber un percance fatal, por más responsabilidad con la que una conduzca; siempre aparecen decenas de imprudentes que hacen piruetas para cambiar de carril o que van a exceso de velocidad en las múltiples curvas de la vía. Todos los días de inicio de este año se registraron accidentes con muertos. Ya no alcanzan ni corazones azules ni cruces de piedra para tapizar las vías del país.

La situación del transporte público es más dramática, como lo demuestra el accidente en el bus de la cooperativa TransEsmeraldas. Los pasajeros relatan que los choferes se desesperan por conducir rápido y llegar a las 04:00 a su destino, cuando lo normal es que lleguen cerca de las 06:00; el saldo fue de cinco muertos y decenas de heridos, todos pasajeros del bus que cayó en un abismo por exceso de velocidad en una curva. Otro accidente ocurrió con la cooperativa Flota Imbabura, supuestamente por invasión de carril.

Según los datos, las muertes por accidentes de tránsito constituyen la sexta causa de mortalidad en Ecuador; sin embargo, la intransigencia de las y los conductores, la falta de control, la corrupción de las entidades encargadas, las dificultades en las vías, como derrumbes o inundaciones, agravan el panorama de inseguridad vial. Cada feriado debemos esperar los saldos de muertes en los noticieros como si fuera un dato menor, al cual ya estamos habituados. (O)

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