Las ciudades: derechos y deberes
Hace tres años se realizó en Quito la conferencia internacional Hábitat III, donde se actualizó la propuesta de los derechos a la ciudad y sus responsabilidades correlativas.
“La ciudad es propiedad de los ciudadanos”, dijo con toda autoridad Henri Lefebvre, francés, en 1968, en un libro de su autoría. A partir de entonces se repensó a las ciudades -no solo por académicos y científicos sino por autoridades, partidos políticos y habitantes de diferentes tendencias- para satisfacer las necesidades de los ciudadanos con criterios de equidad.
Más tarde, en 2014, el Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Hábitat) redactó la Carta Mundial por el Derecho a la Ciudad. La idea central fue ubicar el derecho a la ciudad, dentro del sistema internacional de defensa de los derechos humanos. La cita de Quito, en 2016, ratificó esta prioridad, que en 2050 el 65% vivirá en las urbes.
¿Por qué el derecho a la ciudad? Porque se inspira en la justicia social que merecen todos los ciudadanos y ciudadanas. Este derecho está pensado, de manera especial, para las personas vulnerables; es decir, para quienes registran las peores condiciones de vida. El objetivo es garantizar la igualdad de oportunidades y que todas las personas tengan acceso “a un patrón de vida adecuado”. Y que las autoridades que dirigen las ciudades realicen una gestión democrática, eficiente y ética, sobre la base de un precepto: que la urbe es un espacio colectivo que pertenece a todos sus habitantes.
¿Y los deberes? El derecho a la ciudad plantea responsabilidades, según la Carta del Derecho a la Ciudad: no discriminaciones de género, edad, raza, etnia u orientación política y religiosa; preservar la memoria y la identidad cultural; el ejercicio pleno de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales; y el deber de los ciudadanos a participar en la propiedad del territorio urbano.
Los candidatos tienen la opción de garantizar estos derechos y cumplir y hacer cumplir las obligaciones, con honradez, decoro y eficiencia. O retirarse con dignidad de la contienda. (O)
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