La película que nunca vimos
Para escapar de la miseria y de las persecuciones religiosas en Europa, una pareja formada por un irlandés y una escocesa, tomaron una nave que amenazaba naufragar con cada ola, y que los llevó a Norteamérica. Era el siglo XVIII. Y en mitad del mar la mujer dio a luz a una niña que no tenía patria. Su llanto de recién nacida alegró a los presentes. Aunque si ella hubiese sabido lo que iba a vivir, habría llorado todavía más. No había ningún sacerdote a bordo, pero alguien la bautizó como Mary Jamison.
Después de llegar a tierra firme, doce años más tarde, la pareja se lanzó en una carreta, con todos sus hijos, a la conquista del Oeste, donde el oro brotaba a borbotones, la tierra era infinita y, según ellos, no tenía dueños. Pero sí los tenían. Eran cientos de tribus indígenas que intentaban conservar lo que les pertenecía desde siempre. Entre ellos, los Séneca. Y con ellos fue el encuentro.
Una mañana, en ese recorrido de más de 4.000 kilómetros, fueron atacados. La familia fue capturada y maniatada. La madre esperaba lo peor pero vio con sorpresa a un indígena que se quitaba los mocasines para ponérselos a su hija Mary, de doce años. Eso significaba que la niña iba a caminar, que no la iban a matar. En el último momento, le dijo: “No intentes huir porque te matarán. No olvides nunca tu idioma, ni el nombre de tus hermanos, ni el de tu padre ni el mío. !Adiós!” No se volvieron a ver.
A los pocos días, Mary fue entregada a otra familia indígena que había perdido a uno de sus hijos en la lucha contra los blancos. Como venganza, ellos podían torturarla y matarla, o podían adoptarla. Eligieron convertirla en su hija, en reemplazo del hijo muerto.
Mary se hizo Séneca, se casó con un indígena, tuvo un hijo, y el grupo enfrentó a los blancos que querían liberarla. Su marido murió en combate, y Mary huyó con su pequeño para no volver con los blancos, a quienes sentía como invasores extraños. En un segundo matrimonio, con un jefe indio, Mary tuvo siete hijos más. En aquel entonces el ejército inglés contrató a grupos de indígenas para que lucharan contra otros indígenas rebeldes y pagaban con una olla y un cuchillo por cada cuero cabelludo de los nativos.
Mary huyó con todos sus hijos, recorrió cientos de kilómetros, y rechazó regresar con los blancos. Fue una blanca que fue respetada por los Sénecas, y fue la primera que defendió sus derechos. Murió de más de 90 años y dijo: “Conozco los dos mundos. Y sé que nadie puede ser más feliz que los indígenas en tiempos de paz. Prefiero su mundo.”
En ajedrez, también, las damas suelen tener la última palabra.

1…TxT; 2: DxT, C8D jaque descubierto y gana.
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