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El Telégrafo
Juan J. Paz y Miño C.

Cuba y El Padrino II

04 de enero de 2016

En la película El Padrino II, filmada en 1974, dirigida por Francis Ford Coppola y basada en el libro de Mario Puzo, hay una escena muy interesante: es la fiesta de fin de año, el 31 de diciembre de 1958; como música de fondo suena Guantanamera, conocida canción popular cubana; y en un amplio y lujoso salón de baile, en medio del bullicio de la “burguesía” allí reunida, Michael Corleone (Al Pacino) abraza a su hermano Fredo (John Cazale) y le dice haber descubierto su traición. Corleone había ido a La Habana para arreglar negocios con otros miembros de la mafia.

Afuera, en las calles, hay pobladores que festejan. Entonces llega Fulgencio Batista, el dictador de Cuba, y entra al gran salón de la fiesta. Allí se dirige a los asistentes, comunicándoles que por los serios reveses de sus tropas en Guantánamo y Santiago, él renuncia “para evitar más derramamiento de sangre”, y nombra un gobierno provisional, luego se despide para salir de la ciudad, y desea a todos “buena suerte”.

Afuera, la escena muestra a pobladores emocionados y alguien grita: “¡Viva la revolución! ¡Viva Fidel!”. La burguesía sale despavorida del salón de baile. Hay quienes llegan al Club Náutico Marianao para tomar sus yates y huir del país. Otros se hallan a la entrada de la embajada de EE.UU. En alguna pista, un avión de la Línea Aérea Nacional Cubana se alista para despegar. Se ve a pobladores que lanzan a la calle equipos de casino o destrozan señales de parqueo. Pasa también un automóvil equipado con megáfono y se escucha: “¡Ha caído el tirano Batista! ¡Viva la revolución! ¡Fidel, Fidel!”. Michael Corleone intenta llevarse a Fredo, sin lograrlo, mientras la muchedumbre rodea su automóvil y siguen los gritos: “¡Fidel, Fidel, Fidel!”.

La escena no fue filmada en Cuba, sino en República Dominicana, en el salón Las Cariátides del Palacio Nacional de Santo Domingo, en cuya escalinata de acceso también se escenifica la desesperada fuga de la burguesía cubana. Ese edificio mandó a construir otro sanguinario tirano: Rafael Leónidas Trujillo, en 1947, encargándolo al arquitecto italiano Guido de Alexandro.

Lo excepcional de la escena de El Padrino es que da testimonio de un hecho real: el derrocamiento de Batista en Cuba y el triunfo de la revolución encabezada por Fidel Castro, el 1 de enero de 1959. Y los hechos han sido recreados en la película con su verdadero drama, porque el triunfo de la Revolución Cubana acabó con uno de los gobiernos más corruptos y represivos de América Latina, que no solo estuvo vinculado con la mafia, que poseía en La Habana una serie de negocios, sino que se colocó al servicio de la poderosa oligarquía cubana y de los intereses capitalistas de los EE.UU.

Al celebrarse un nuevo aniversario de la Revolución Cubana, cabe comprender que ella significó una alteración radical en la historia de América Latina, pues supo edificar un régimen de democracia social, antiimperialista y socialista, que se convirtió en un referente para toda la región y en un símbolo de los ideales anticapitalistas de las izquierdas latinoamericanas.(O)

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