Egoitz Gago Antón, docente del Máster Universitario en Comunicación y Marketing Político de la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR)

“Los candidatos deberían generar mecanismos para acabar con la polarización”

- 20 de septiembre de 2020 - 11:31
Cortessia

Las elecciones en medio de la pandemia necesitan mayor seguridad para garantizar la salud de los electores. Algunos países han postergado sus comicios sin que eso afecte a la democracia,

La pandemia ha pospuesto 12 elecciones programadas en América Latina, como los comicios presidenciales en Bolivia y República Dominicana y el plebiscito constitucional en Chile. Según su criterio, ¿es mejor o peor postergar esas elecciones en medio de la emergencia sanitaria?

 Aquí hay dos cosas: la primera es que las elecciones regulares son una parte importante de un país democrático, esa es una de las ideas básicas de la democracia, por lo tanto, postergar estas elecciones a priori se puede ver como un problema para estos países.

Ahora bien, en la emergencia sanitaria, la segunda cosa es que en estas elecciones se debe garantizar la mayor participación posible, sobre todo porque hay países que tienen reglamentos electorales distintos, y algunos de ellos tienen obligatoriedad de voto. A priori no debería ser negativa esta postergación, siempre y cuando no sea muy larga, como por ejemplo en España con unas elecciones autonómicas.

En conclusión, la postergación no debería causar ningún problema, no todos van a poder participar, porque no todos los países tienen métodos de votación virtual y otros. Incluso, esta postergación sería mejor en el sentido en que permite que la población pueda participar con garantías.

 ¿Puede afectar a la democracia esa postergación de los comicios o no necesariamente?

 En teoría no necesariamente, no debería. A veces, la postergación de las elecciones en la mayoría de los sistemas constitucionales de los países latinoamericanos y en la mayoría de las democracias en el mundo está contemplada cuando hay procesos excepcionales. El problema es el uso que se hace de esa postergación, porque, por ejemplo, hay países que están haciendo uso de este tipo de situaciones para cimentar una posición u otra, como Chile con el plebiscito constitucional.

 En algunos países de la región hay problemas de credibilidad y denuncias de fraude electoral, por ejemplo, en Bolivia. ¿Cómo hacer que la ciudadanía confíe en sus organismos electorales?

El problema es que la única forma que la ciudadanía va a tener para confiar en sus organismos electorales de forma plena de nuevo es una reforma de estos, y esto no es nuevo.

Las reformas de estos organismos electorales es algo que está pendiente en muchos países de Latinoamérica, una reforma que haga a estos organismos neutrales, imparciales, y que despejen las dudas. Esa reforma no se puede dar con un gobierno interino, entonces hay que promoverla con un gobierno legítimo y con unas elecciones justas, libres y parciales, y en Bolivia ahora mismo hay un problema para eso.

 Las elecciones también pueden ser el escape para sistemas políticos sometidos a las presiones de la crisis sanitaria y económica sin precedentes. ¿Es así?

 Si, totalmente de acuerdo. Es más, en la mayoría de los países, no solo en la región andina, sino en todo el mundo, se está haciendo esto de una forma o de otra, tanto los gobiernos con problemas, como las oposiciones si quieren conseguir ese gobierno.

 ¿Cuál es el papel de las organizaciones políticas en este panorama electoral único y atípico?

Aquí viene un tema que es complicado. La naturaleza de un partido político es conseguir el poder, no hay otra historia. Pero estamos en una situación atípica y lo que deberían hacer como organizaciones y lo que hace falta es establecer una idea de objetivo común. Por ejemplo, hacer que la población este menos afectada por el virus, tanto a nivel sanitario como nivel económico. Para eso hacen falta en este momento políticas de conservación, que no se hacen, porque hay unos sectores políticos que en América Latina nunca se han visto muy llevados a hacer políticas sociales de manera integral y que, por lo tanto, genera una gran polarización.

 ¿Qué deberían hacer las organizaciones políticas en este momento?

 Deberían juntarse y plantear políticas de unión hasta superar el problema, y luego ya pueden volver al debate político habitual.

 ¿La propaganda electoral de los candidatos puede prestarse para la manipulación y la proliferación de mentiras en medio del coronavirus?

 Si, totalmente. Se está utilizando la pandemia para magnificar los hechos que ocurren con respecto a la acción de los políticos, por lo tanto, los candidatos oficialistas pueden tener más ventaja. También se ha dado la idea de un favorecimiento enorme a los colectivos más vulnerables, y luego no es así. Además está la utilización de esta pandemia como arsenal político, es muy fácil para un candidato decir que va a solucionar el problema cuando este es mucho más complejo. Por lo tanto, ya que estamos en una situación de emergencia, las crisis son un caldo de cultivo clave para las noticias falsas y para los discursos populistas, y los candidatos, por desgracia, no están aislados de esta situación y no son inmunes a esta problemática.

 A los políticos solo parece interesarles ganar y no las necesidades reales de un país: generación de empleo, mitigar la crisis económica, salud, educación, programas sociales, entre otros. ¿Qué deberían plantear?

 Creo que deberían plantear, sobre todo en un momento de crisis como este, políticas de este tipo (de salud, de educación, etc) pero que sean sensibles. No decir que se va a arreglar la crisis de coronavirus, sino cómo se va a hacer y, sobre todo, plantear planes reales y que los votantes puedan ver que tengan sentido común.

No se puede decir que se va a elevar el gasto a niveles muy altos, si realmente no existe la posibilidad de hacerlo, aunque suene bonito. No se puede generar una campaña política y decir que se va a rebajar el desempleo a la mitad sino se puede explicar por qué o cómo.

Ahora es más importante que nunca que los candidatos construyan discursos electorales que realmente utilicen o inviertan mucho más tiempo en explicar cómo van a llegar a los resultados que plantean durante las campañas.

 ¿Cómo conseguir amplios acuerdos políticos en un país tan dividido como Ecuador, por ejemplo?

 Esta es una pregunta complicada porque Ecuador, por la crisis, ya venía de un proceso de división política fuerte. Pero ha sufrido esta división de una manera más intensa durante la pandemia a diferencia de otros países a su alrededor. También hay crisis en otros países, por ejemplo, en Perú estamos viendo el proceso de destitución de Vizcarra, y en Colombia la reactivación de las marchas y el asesinato de un muchacho por parte de la Policía.

Los candidatos y organizaciones políticas deberían generar mecanismos que acaben con la polarización.

Pero los acuerdos políticos son difíciles.

Los amplios acuerdos políticos son complicados, porque normalmente siempre funcionan en situaciones excepcionales, pero creo que la crisis sanitaria es una de ellas, y ahí se podría intentar concretarlos. Lo que pasa es que hay juegos de intereses políticos que son muy duros.

 Un tema importante para los electores es combatir la corrupción. En Ecuador, Perú y Bolivia hubo casos de corrupción en la venta de insumos médicos en el dolor y la muerte que ha ocasionado la pandemia. ¿Qué pueden hacer los candidatos sobre este tema?

Por desgracia, esto no solo está ocurriendo en Ecuador, Perú y Bolivia, también pasa en Colombia y otros países del mundo. Los candidatos deberían plantear programas en los cuales claramente explicaran cómo van a combatir la corrupción.

En América Latina la corrupción no se ve como un problema, sino como una costumbre.  En muchos casos de este tipo no se dan por una malicia detrás de las personas que lo hacen, sino porque realmente se realiza como algo normal, y aquí ya se habla de los valores culturales, por lo tanto, la solución a este problema requiere medidas más a largo plazo.

 En Ecuador, por ejemplo, hay candidatos de la farándula y sentenciados por corrupción como el exsecretario de Inteligencia, Pablo Romero.  ¿Cómo puede ser que haya candidatos de ese calibre?

Hay otros ejemplos, como Donald Trump en Estados Unidos, o Morales en Guatemala, que también era un cómico, y demás. Esta es la belleza el sistema democrático, que da sufragio universal a todo el mundo.

Me parece curioso que el sistema jurídico ecuatoriano permita a una persona con una sentencia de corrupción ser candidato político. No conozco los detalles del caso de Pablo Romero, pero en muchos países, cuando se tiene una sentencia firme ya no se es elegible, se tiene ciertas limitaciones en los derechos políticos. Es curioso, pero ponerle límites a los derechos políticos es complicado, porque estos derechos son universales y básicos.

No creo que sea una anomalía del sistema ecuatoriano, sino del sistema democrático de la sociedad en la que vivimos hoy, en la cual el show business es más importante que otras cosas, donde la imagen juega un papel más fuerte que las políticas públicas o que los hechos en sí. Por ello es entendible que exista un candidato de este tipo. Lo que sería materia de reflexión es si fuera elegido.

 ¿Por qué los ciudadanos votan por los políticos y partidos corruptos que han sido judicializados?

Depende del sistema, pero hay un tema que es la renovación de las élites políticas. Si no se tiene por quien votar, y los que hay encajan con la ideología de los votantes, pues es normal que se vote por estos partidos.

Un ejemplo es el caso colombiano, donde la gente dice que el problema es que se elige siempre a los mismos, pero no hay otros candidatos. En el sistema colombiano las élites políticas se renuevan muy poco, casi nada., y si se renuevan, son gente de ciertos estratos sociales y familias. Y eso es un tema muy latinoamericano, Colombia es el caso extremo, donde los poderes políticos tienden a mantenerse en el poder y poseen una influencia importante incluso después de haber sido elegidos. Por eso ocurre ese fenómeno.

 ¿Es un tema de cultura política?

En Iberoamérica se da el fenómeno plasmado en la frase “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Esto pasa principalmente por la falta de renovación de élites y también porque se percibe que los gobiernos nuevos no hacen bien su trabajo, porque no saben lo que hacen, porque no vienen de esas élites. Es lo que pasa en Perú con fujimoristas o no fujimoristas, recordemos lo que ha pasado con los tres últimos líderes judicializados, y esto también está pasando con Vizcarra.

Por eso pienso que es normal que pase, si los candidatos vienen del mismo trasfondo es normal que se vote por ellos. Además, en América Latina tenemos una cultura en la cual se ve eso como algo normal, pues somos una región en la cual podemos encontrar los argumentos de los políticos “sí, soy corrupto, pero menos que el otro candidato” y que funcionan.

 ¿Cuánto cuentan la tecnología, la recuperación económica, protección social, seguridad y equilibrio de poderes a la hora de elegir por quién votar?

Un país con alta protección social, altos modelos de seguridad y de bienestar, cuando hay una separación y equilibrio de poderes clara, cuando tenemos claro hasta donde llegan los jueces, el Legislativo y el Ejecutivo, normalmente se va a tener poblaciones que van a estar más y más concientizadas políticamente. Esto quiere decir que les preocupa la política y que por lo tanto van a votar más, y cuanta más gente va a votar, implica que los candidatos tienen que generar un discurso que llegue al mayor número de gente posible. Cuanta más gente vaya a votar y cuanta más gente este concienciada de que tiene que votar, los candidatos que van a surgir y las políticas que van a proponer van a ser mucho más inclusivas. (I)

 

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